domingo, 29 de diciembre de 2013

Smatawa acodat marawa acano: Año dos mil catorce

Existe, entre amplias capas de la población, la injustificada creencia de que no resulta posible vaticinar o conocer nuestro porvenir. Sin embargo, estoy convencido de que el futuro cercano, en líneas generales, es absolutamente predecible. Aunque siempre existe alguna inesperada sorpresa, en lo positivo y lo negativo; que podría no ser tal, si supiéramos entender las señales, aquellas que emiten a diario nuestro cuerpo y nuestro entorno más inmediato.

Para esta tarea no precisamos entrar en trance o recurrir a oráculos, ni tampoco tenemos que ofrecer sacrificios animales a los dioses, ni llamar a las líneas telefónicas de elevado coste, que pueden permitirse disponer, para atender a su nutrida clientela, de un programa de televisión nacional en horario de madrugada.

No necesitamos recurrir a nada de esto para predecir el futuro, aunque todos los espectáculos antes referidos tienen un contenido artístico, cuando no humorístico, que ayuda a que se mantengan entre las costumbres de muchas personas.

Para conocer nuestro futuro, en este país, basta con leer los presupuestos de las administraciones públicas y de las empresas de las que dependemos para la gestión de nuestra actividad cotidiana, tanto en lo familiar como en lo profesional.

Así, podemos adivinar que, en el próximo 2014, ni los muertos podrán conseguir una baja laboral por enfermedad común, aunque sí podrán ser recibidos por el especialista que diagnostique su dolencia, cuando se abran una inexistentes listas de espera.

La economía mejorará y el desempleo se reducirá, pero no para quienes han cumplido cierta edad y han asumido cargas familiares, por lo que buscan desesperadamente una ocupación dignamente remunerada, principalmente destinada a alimentar, vestir y cuidar a sus hijos y a pagar la hipoteca de su vivienda.

Sólo los recomendados podrán aspirar a una retribución superior al salario mínimo interprofesional, independientemente de su formación o experiencia, y para una función completamente irrelevante. El resto, titulados universitarios incluidos, tendrán como principales opciones: aceptar un contrato de mileurista (en el mejor de los casos), convertirse en autónomos o emigrar.

Subirán los recibos de la luz y el agua, la bombona de butano, los carburantes, los alimentos, el transporte público, las tasas, multas y tributos locales, junto a algunos impuestos indirectos, los servicios financieros y otras minucias... Pero, milagrosamente, todos estos incrementos no repercutirán en el Índice de Precios al Consumo (IPC), porque podremos comprar mucho más baratos una gran cantidad de prescindibles objetos producidos en China, India y en los países del Sudeste Asiático.

Continuarán los despidos, los expedientes de regulación de empleo, las reducciones de jornada y el recorte de salarios, especialmente en el sector de la comunicación, porque, en contra de las predicciones de los gurús, ésta no es la sociedad de la información o del conocimiento, sino la sociedad de la ignorancia y del entretenimiento.

La gente se cansará de protestar en calles y plazas, porque no conduce a nada y porque la nueva legislación deja a los poderes públicos la interpretación sobre si una manifestación es pacífica o violenta, en función de los intereses políticos de los gobernantes. Así, junto a otras medidas, evitarán que se generalice la percepción de que urge la regeneración moral de las élites, mientras encuentran resquicios legales para que prescriban los delitos cometidos o, en su defecto, preparar los oportunos indultos, para que los corruptos queden impunes.

Pero no todo va a ser tan 'positivo' durante el año que se avecina, también sucederán cosas 'terribles': habrá gente que ofrecerá su amor a cambio de nada, que compartirá lo poco que tiene con quienes tienen aún menos y que despreciará el dinero como el medio que justifica todos los fines. Y es que, a pesar de los pronósticos, las esperanzas siempre permanecen intactas, tanto en el deporte, como en la vida.

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