domingo, 29 de octubre de 2017

Guatonan: Fronteras

No me gustan las fronteras. Entiendo que existan, pero no me gustan. Nos limitan en nuestra evolución natural. Me recuerdan a los animales salvajes, a la violenta defensa de los territorios de pasto, caza o apareamiento, donde el fuerte siempre se impone, lo que no siempre beneficia al grupo. Fueron necesarias en el pasado para la supervivencia de aquellas familias o tribus humanas que tuvieron éxito y de las que descendemos todos los que ahora habitamos el planeta, pero ahora están cambiando las reglas con la civilización, con la tecnología y, sobre todo, con la superpoblación.

Nuestra especie se ha movido siempre de manera bipolar entre dos opciones: competencia o colaboración, por un lado, y ser nómadas o sedentarios, por otro. La necesidad es la que nos ha guiado hasta ahora: competimos dentro del grupo para alcanzar una posición privilegiada o de liderazgo y cooperamos para que nuestro colectivo también alcance esa posición en relación con otros grupos. También nos hacemos sedentarios cuando encontramos un territorio en el que podemos alimentarnos y reproducirnos sin problemas durante todo el año y nos movemos cuando necesitamos ir a buscar ese alimento y esa estabilidad a otros territorios. Por eso seguimos vivos y ocupamos la práctica totalidad de la superficie habitable del planeta.

Antiguamente la gente se desplazaba por dos motivos, por necesidad o por aventura, por buscar un futuro mejor o simplemente diferente. Ahora también viajamos por placer y en busca de conocimientos. Si queremos viajar por estos dos últimos motivos no vamos a tener ningún problema para recorrer el mundo entero, pero si tenemos que movernos para escapar del hambre o la guerra, entonces somos rechazados. Curiosa paradoja, cuando precisamente necesitamos más ayuda nos la niegan, mientras que si no la necesitamos nos invitan a venir.

Tenemos suerte los que vivimos en este país, porque estamos dentro de un gran bloque relativamente solidario y próspero llamado Unión Europea. Por eso, en la última gran crisis, decenas de miles de personas cualificadas profesionalmente han podido moverse sin problemas hacia otros países a buscar trabajo y no sólo dentro de Europa, sino también en otros continentes, en territorios que aspiran a alcanzar las mismas cuotas de desarrollo y pueden aprovechar para la consecución de ese objetivo tanto nuestra formación como capacidad de trabajo, algo que no han podido hacer sirios, irakíes y todos los africanos o asiáticos que lo necesitan a causa de las guerras o las hambrunas.

Por eso no entiendo que haya grupos de personas organizados que quieran salirse de los marcos de solidaridad o apoyo que han creado los países más desarrollados, cuando éstos deberían hacerse extensivos a todo el planeta, si es que todos nos consideramos seres humanos con los mismos derechos y obligaciones.

Estos grupos se dicen progresistas y antisistemas, pero su forma de comportarse se parece más a la de adolescentes enrabietados enfrentados a sus padres protectores, cuando no a la de sectas dirigidas por iluminados, que prometen un mundo mejor en otro planeta o en otra dimensión de éste y acaban por conducir a sus adeptos al suicidio colectivo en el mundo real.

Es verdad que la situación actual del planeta da vértigo, con un cambio climático dramático, una superpoblación humana que se parece bastante a la de una plaga y unas desigualdades entre ricos y pobres que avergüenzan a quien quiera identificarse con una especie que se autodenomina “homo sapiens”. Pero ¿es la respuesta adecuada separarnos del resto y “sálvese quien pueda”? o, por el contrario, ¿no sería la solución mayor unidad y solidaridad a la hora de afrontar los problemas?

Personalmente echo de menos un gobierno planetario, que pudiera tomar decisiones e imponer un “artículo 155” a todas aquellas naciones e industrias que no quieren reducir drásticamente sus vertidos al mar ni sus emisiones de dióxido de carbono y de otros gases peligrosos a la atmósfera; o a aquellos países que no quieren acoger a emigrantes por necesidad y ayudar a estabilizar la situación en sus países de origen.


La ONU es una caricatura de gobierno planetario, con los vetos de las grandes potencias y un funcionamiento que no le permite en la mayoría de las ocasiones llevar a la práctica sus resoluciones, salvo que interesen especialmente a alguna de esas grandes potencias, que lo son por su capacidad militar, es decir, por la posibilidad de usar una fuerza tan desmedida que acabaría por destruir rápidamente a un planeta al que ya están destruyendo lentamente.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Hura fasarifen: Huracanes (grandes vientos calientes)



Podemos seguir negándolo todo o podemos ser responsables y asumir la posibilidad de que otros más cualificados e inteligentes tengan al menos una parte de razón en sus cálculos e investigaciones. No digo que confiemos ciegamente en ellos, sino en que les demos al menos el beneficio de la duda y consideremos que existe una alta probabilidad (al menos un 50 por ciento) de que sus estudios y conclusiones, a las que han dedicado tanto tiempo y esfuerzo, sean ciertos. Mientras que para negar sus teorías hay quien no dedica ni un segundo a reflexionar.

A lo largo de la historia humana hemos rechazado hasta hace pocos siglos que la tierra era redonda y que giraba en torno al sol. Hasta hay quien todavía se atreve a defenderlo en público, solo que ya nos lo tomamos a broma. Más de la mitad de la población con cierto nivel de estudios de algunos países presuntamente desarrollados sigue negando la Teoría de la Evolución de las Especies de Charles Darwin, a pesar de las evidencias.

La ignorancia ha sido siempre una poderosa fuerza colectiva, más influyente que la inteligencia, porque la primera está guiada por la fe ciega, mientras que la segunda se asienta sobre la duda y tiende a ser reconocida de forma individual, más como una excepción que como una obligación. Pero ¿somos o no somos todos homo sapiens?

Durante los últimos años, diferentes grupos de científicos de distintos países sostienen, fruto de sus investigaciones, que nuestro planeta Tierra está sufriendo un proceso de calentamiento global de consecuencias predecibles, pero, a pesar del absoluto consenso científico, todavía hay quien lo niega, lo cual no pasaría de ser una anécdota, si no fuera porque esa negación implica no adoptar medidas para frenarlo.

Pero lo peor no son los negacionistas relevantes, como el presidente de los EE UU, sino los que reconocen el problema y aparentan aprobar soluciones que no sólo no ayudan a solucionarlo, sino que lo agravan, como los dirigentes mundiales que aprobaron un acuerdo no vinculante en París para la reducción de emisiones de CO2, porque su objetivo es que aumente la temperatura del planeta 'sólo' entre 1,5 y 2 grados centígrados de aquí a final de siglo.

Es como si a un enfermo con fiebre se le dicen los médicos que no van a intentar bajársela, sino que lo van a tratar para que no le suba más de dos grados para que no se muera, pero tampoco se comprometen a prescribirle las sustancias adecuadas para ello, ya sea por falta de recursos o de voluntad a la hora de llevarle la contraria a las grandes corporaciones multinacionales que obtienen grandes beneficios con la 'medicación'. El paciente no se morirá, pero va a seguir enfermo mucho tiempo.

Hasta ahora, los políticos y dirigentes mundiales se han centrado en frenar los efectos a largo plazo del calentamiento global, como la subida del nivel de los océanos, porque ello perjudicaría a la mayoría de las poblaciones mundiales, que se encuentran a orillas del mar. Pero ¿qué pasa con los efectos a corto plazo?

Durante los últimos días estamos comprobando lo devastador que puede resultar una mayor temperatura del agua y de la atmósfera en la evolución e incremento de la intensidad de los huracanes en el Océano Atlántico y en el Caribe. Primero fue Harvey, ahora llega Irma y a ambos les siguen José y Katia. ¿Y que han tenido de particular estos huracanes? Lo primero es que la formación en el Atlántico de tantos huracanes seguidos con tanta fuerza es un fenómeno poco frecuente, que sólo ha sucedido anteriormente en 1935 y 2010. Y los dos primeros, Harvey e Irma, ofrecen datos nunca antes obtenidos por los meteorólogos.

Por ejemplo, Harvey tiene el 'honor' de ser el primero que se estanca en Texas y provoca una acumulación de lluvia nunca antes registrada en la zona (nada menos 125,27 centímetros), con grandes inundaciones y pérdidas multimillonarias a todos los niveles. Irma también está siendo excepcional: por primera vez un huracán adquiere la categoría 5 (vientos superiores a los 250 kilómetros por hora) en el Atlántico, antes de llegar al Caribe, y también por primera vez un huracán mantiene vientos de 295 kilómetros por hora durante 33 horas seguidas. Podría decirse que ha inaugurado una nueva categoría: la fuerza 6.

José sigue la estela de Irma y falta por ver la progresión de Katia, pero con los dos primeros ya hemos alcanzado un nuevo nivel y todavía quedan nuevos huracanes por formarse. Algunos científicos temen que alguno se de la vuelta y en vez de dirigirse al Caribe coja rumbo al Mediterráneo, un mar también bastante recalentado, y empiece a arrasar las costas del norte de África y del Sur de Europa. ¿Nos lo tomaremos entonces más en serio?

Pero las malas noticias climáticas nunca vienen solas: los satélites han detectado desde el pasado 31 de julio un importante incendio al oeste Groenlandia que sólo podrá ser apagado por la propia naturaleza, cuando llueva. Se desconoce el origen del mismo, pero prospera gracias a la elevación de la temperatura y a la sequedad del verano. Todavía se están recopilando datos, pero desde hace tiempo se sabe que existen bolsas de metano bajo el permafrost (suelo congelado) que cuando se derrite se vuelve más permeable, por lo que estos gases ascienden desde el subsuelo hacia la atmósfera, donde pueden entrar en combustión o disolverse en la misma, contribuyendo en ambos casos a incrementar el efecto invernadero.


Si la fiebre es in síntoma de enfermedad en los seres vivos y a partir de cierta temperatura no puede existir la vida que conocemos y compartimos, deberíamos tomarnos en serio el cambio climático tanto a título individual como colectivo y hacer lo posible y lo imposible para evitar el calentamiento de la atmósfera. En este proceso se necesita valentía política y social, pero también cualquier pequeño gesto individual y cotidiano puede acabar por ser determinante.

martes, 15 de agosto de 2017

Anagachen: Piedras de Anaga (relato)

Sucedió en Afur, el pequeño enclave rural de Anaga donde ocurren cosas fantásticas, aunque otros lugares cercanos disfruten de mayor fama. Llegamos allí después de almorzar, impulsados por una curiosidad: queríamos saber si seguía corriendo el barranco y llenando de agua nueva las charcas donde viven las únicas anguilas que habitan en estas islas, a un par de centenares de metros sobre el nivel del océano.

El calor de agosto impregnaba hasta los frescos helechos y no había rastro de las nubes que, empujadas por los alisios, nutren los frondosos bosques que cubren la empinada cordillera, a excepción de la vertiente sur, alfombrada de cardones, tabaibas y otras especies vegetales capaces de soportar una prolongada sequía y mimetizarse con los colores de la roca, hasta poder rebrotar con la lluvia o germinar a partir de resistentes semillas, para teñir de verde efímero, con matices florales ocasionales, las pedregosas y polvorientas laderas.

Subíamos acalorados por el sendero hacia la parada de la guagua, con la esperanza de no perderla, pero sin excesiva prisa, saboreando todavía el aire fresco que habíamos respirado abajo, oxigenado y perfumado de cerca por ñameras, cañas y algunos frutales. Volvíamos intentando ver los huidizos lagartos, aparentemente similares a los que permanecían expectantes en el muro que rodea la terraza del restaurante de la cumbre en el que comimos, hasta que les lanzábamos algo de alimento y se formaba un pequeño tumulto, del que salían victoriosos no sólo los tizones con motas brillantes más grandes y fuertes, sino también algunos hábiles pequeñajos rayados.

En una de esas miradas hacia arriba para corroborar que la guagua todavía no se había marchado, reparé en el roque que estaba encima. El sol de la media tarde lo iluminaba de tal manera que parecía una cara, pero no un rostro cualquiera, sino el de una esfinge de piedra que no tenía nada que envidiar a la Guiza o Gizeh, en Egipto.

En pocos segundos me vinieron a la mente diferentes imágenes, como la de la ‘Piedra de los Guanches”, que se encuentra aunque desafortunadamente ya rota a escasos kilómetros, camino de la playa de Tamadite, sobre la que los antiguos habitantes de la isla realizaban el embalsamamiento y mirlado de los cadáveres previo a la momificación y cuyo aspecto siempre me recordó al monumento megalítico británico de Stonehenge.

También recordé el impresionante risco que se aprecia desde la carretera TF-5 en dirección hacia Icod por la zona del Barranco de Ruiz, cuyo perfil me recuerda al rostro de una persona en actitud de gritar; al ‘Guerrero de Valle Tabares’, al ‘Gigante de Masca’, al ‘Masai’ situado sobre el Cabezo de Arbelo en El Bailadero, al Roque Milano de Bejías, al ‘Guanche de los Altos de Güímar’ y, para rematar, a la ‘Cabeza de León’ de Taganana.

¿Casualidad? ¿Nos engaña la vista o nuestro cerebro, que tiende a interpretar en materiales diferentes las figuras que conoce? ¿Tan caprichosa ha sido la naturaleza viva, el viento y la lluvia o hay una mano humana detrás de estas curiosas formas, como la hubo en los moais que vigilan desde lo alto el litoral de la Isla de Pascua?

Entonces imaginé a un grupo de binchenis (guanches de Tenerife) ataviados con vestidos de pieles gamuzadas procedentes de cabras y ovejas pelibuey, que vivían en los alrededores de Taborno dos mil años atrás, escalando risco arriba para modelar aquella figura, con la que recordar su noble origen continental y dar aviso a navegantes sobre el valor y las capacidades de los habitantes de Chinech, quitando piedras con sus propias manos, golpeándolas con palos y otras piedras hasta darle la forma requerida y, cuando no era posible alterarla, crear las hendiduras a través de las cuales el agua y la brisa acabaran por rematar tan ardua tarea.

Mientras, otros binchenis en Güímar e Icod apilaban piedras para formar estructuras piramidales que denominaron mahano o majano, fruto de la unión de las palabras magec, hana y no (sol, ayuda y tiempo) orientadas hacia los solsticios de verano e invierno, para controlar mejor las épocas de cultivo y recolección en busca de buenas cosechas y que durante siglos pasaron desapercibidas fruto de la ignorancia de los nuevos propietarios del territorio, hasta que el antropólogo noruego Thor Heyerdahl tuvo que venir de fuera para saber interpretar tan singular herencia.

No ha sido la primera vez que sociedades que se creen superiores por su fortaleza militar cometen el error de infravalorar a los pueblos que derrotaron y, salvo alguna excepción, jamás se dignaron a colaborar con ellos ni aprovechar sus conocimientos. Los europeos que empezaron a llegar a América del Norte y recorrerla para afincarse en esos territorios quedaban extasiados con el paisaje de praderas y bosques que se abría ante sus ojos y lo interpretaron como la obra de dios, pero nunca llegaron a comprender que sus artífices fueron los antepasados de los seres humanos que ya habitaban esas tierras en armonía con la naturaleza, de la que se beneficiaban con un impacto ecológico mínimo.


La guagua se marchó mientras seguía abstraído en mis pensamientos y en las emociones que sugiere la contemplación de la esfinge de Anaga, una sensación me acompaña todavía y que enriquece la leyenda de un pueblo milenario que supo gestionar con cariño e inteligencia durante siglos un territorio complejo, disperso y afortunadamente alejado de las luchas de poder en diferentes épocas. Una cultura que trata de comunicarnos a través de las piedras algunas de sus mejores experiencias para ayudarnos en el futuro.

lunes, 31 de julio de 2017

Tailten: Dudas

Soy una persona de dudas. No de dudas paralizantes o desestabilizadoras, sino de dudas razonables y consecuentes. Dudo sobre casi todo, especialmente sobre las teorías conspiratorias y los hechos consumados. Dudo también sobre la fe y el conocimiento humanos, porque siempre me parecen insuficientes e incompletos. Dudo tanto, que hasta he dudado durante días si debía escribir este artículo, pero al final he llegado a la conclusión que prefiero compartir mis impresiones y mis sensaciones que callármelas, que para eso está la libertad de expresión, eso sí, tratando de no ofender ni herir a nadie por tratarse de una cuestión delicada.

Mis nuevas dudas nacen de un suceso desagradable: el suicidio de un personaje público, el ex presidente de Caja Madrid Miguel Blesa. Lo primero que me sorprendió fue que en la primera noticia distribuida por una agencia de prensa ya apuntaba la hipótesis del suicidio, cuando, en estos casos, los medios de comunicación suelen ser bastante precavidos en el uso de esta palabra, tanto en los titulares como en los textos informativos.

Me extrañó aún mas la celeridad con la que se realizó la autopsia y la publicación de sus conclusiones, que confirmaban la tesis del suicidio. Y, por si fuera poco, también me asombró la celeridad con la que fueron incinerados los restos de esta otrora influyente y relevante figura nacional de la economía y las finanzas, cuyo cuerpo quedaba reducido a cenizas al día siguiente de su fallecimiento.

El propio relato de los hechos relacionados con el suceso me sigue dejando perplejo, ya que según lo publicado, Miguel Blesa había llegado a la finca donde encontró la muerte de madrugada, se había levantado y desayunado, para luego decirle a su anfitrión que iba a cambiar el coche de sitio para que no se calentara con el sol, no sin antes darle el número de teléfono de su mujer por si tenía necesidad de llamarla. Una vez en el vehículo no sabemos si llegó a ponerlo a la sombra, sólo que sacó una de sus escopetas del maletero, fue con ella hacia la parte delantera del automóvil y parece ser que, apoyado en el capó, se disparó de forma certera en el corazón.

No me gustan las armas y no tengo ninguna. Tampoco me gusta la novela negra, ni he tenido jamás tentaciones suicidas, por lo que la historia me resulta de lo más extraña. No discuto la profesionalidad de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, ni de los médicos forenses que hicieron la autopsia, ni de las autoridades judiciales que dieron por cerrado el caso. Tan sólo quiero manifestar mi estupor sobre cómo se ha desarrollado todo y las múltiples preguntas que surgen de mi mente a este respecto.

¿Puede una persona procesada y condenada en primera instancia por cualquier delito estar en posesión de armas de fuego? ¿Existe un control eficaz sobre quienes tienen armas de fuego en este país? A esta segunda pregunta voy a responder ya que no, por mi propia experiencia, ya que conozco al menos a dos personas que he visto pagar las tasas por licencias de armas , una de las cuales presentaba una personalidad inestable e irascible, mientras que a la otra le temblaban las manos, por no hablar de una tercera con espasmos musculares o tics nerviosos evidentes que también estaba en posesión de un arma cuando la vi por su trabajo.

Otras preguntas de difícil respuesta que me hago son: ¿Qué pudo impulsar a Miguel Blesa a suicidarse? ¿Por qué nadie de su entorno cercano lo acompañó a la finca esa madrugada o al coche esa mañana? ¿Beneficia a alguien la muerte de Miguel Blesa? ¿Tomó alguna sustancia en el desayuno que le hiciera perder la razón? ¿Dejó de tomar esa mañana o en días anteriores alguna sustancia o medicación que le causara una repentina angustia o depresión? ¿Se hicieron al cadáver análisis toxicológicos para conocer si había alguna sustancia anómala en su organismo? En el caso de que se hicieran ¿era pertinente incinerar el cadáver poco después de la autopsia o era mejor esperar a los resultados de dichos análisis y tener el cuerpo a disposición de la justicia para realizarle nuevas pruebas si fuera necesario? ¿Se guardaron muestras ADN para cotejarlas con las de la familia para corroborar que el cadáver era el de la persona identificada como Miguel Blesa? ¿Hay protocolos de investigación, forenses o judiciales para casos de suicidio? ¿En caso de de que los hubiera sirven para recabar datos que ayuden a prevenir futuros suicidios de otras personas o mejorar el conocimiento de este fenómeno?

Cualquier muerte constituye una tragedia emocional, aunque se trate de una persona de avanzada edad, porque el cariño no conoce de ciclos vitales ni de causas excepcionales. Pero el suicidio tiene además otras connotaciones religiosas y sociales que, por regla general, conducen a las familias a tratar de ocultar un final de estas características y a los medios de comunicación a evitar informar de ello de manera explícita. ¿Por qué entonces desde el primer momento se habla de suicidio? ¿Dio la familia su consentimiento o nunca se la consultó? ¿La información inicial fue elaborada por becarios o se consultó a altas instancias políticas sobre el mensaje a difundir por tratarse de un personaje de notoriedad pública?

Según los libros de estilos de los más prestigiosos periódicos nacionales y de TVE, así como las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ¿fue correcta la forma de difundir la noticia? ¿Y fueron correctas las reacciones posteriores y su difusión culpando a la presión mediática o social de la conducta suicida del finado?

Puede que alguna de estas preguntas ya tengan respuestas y no hayan sido difundidas, pero el hecho de que ningún medio de comunicación tenga dudas, me plantea nuevas dudas, sobre todo después de documentarme sobre cómo tratan los suicidios las empresas y profesionales de la información y las recomendaciones a este respecto por parte de organismos e instituciones, por el dolor suplementario que causa a familiares y amigos. A este respecto me parece muy interesante el reportaje del periodista Sergi Escudero titulado 'El tabú del suicidio. Los medios de comunicación tienen como norma no dar la noticia', que puede consultarse en http://www.fronterad.com/?q=tabu-suicidio-medios-comunicacion-tienen-como-norma-no-dar-noticia, y que ofrece algunos datos reveladores, como que según la OMS, alrededor de un millón de personas se suicidan cada año en el mundo, lo que a juicio de algunos expertos revela un fallo en el sistema que no interesa divulgar a las autoridades políticas.

En España se se aprobó por unanimidad el 6 de noviembre de 2012 en el Congreso de los Diputados una Proposición No de Ley a iniciativa de UPyD destinada a promover acciones y objetivos para la prevención del suicidio. A pesar del apoyo de todos los grupos parlamentarios, hasta la fecha no existe constancia de la puesta en marcha de iniciativas concretas en este sentido, que desarrollen los distintos agentes sociales y abarquen ámbitos como la educación, la sanidad, las fuerzas de seguridad y los medios de comunicación, entre otros colectivos.

El problema se complica si se tiene en cuenta que cada cultura aborda desde perspectivas diferentes el suicidio o la eutanasia, con la diferencia de que el primero comporta un acto de violencia, por lo que en las sociedades occidentales se asocia al delito y al pecado, aunque actualmente también se vincula a la enfermedad mental. Además, entre algunos colectivos prevalecen prejuicios como que el suicidio es hereditario o inevitable, como una especie de maldición de sangre.

Algunos teóricos lo explican como la máxima expresión de la rebeldía o el rechazo social, ya que lo interpretan no sólo como una forma de morir, sino como una acusación. Y en caso de que fuera así: ¿A quién intenta acusar Miguel Blesa? ¿A los medios de comunicación? ¿Al sistema judicial? ¿A los que le promovieron hacia los cargos de responsabilidad desde los que ejerció una forma muy destructiva de poder?

domingo, 16 de julio de 2017

Heleito guañac: Sociedad del conocimiento

En los últimos días he tenido la oportunidad de escuchar y de leer manifestaciones hasta cierto punto contradictorias procedentes de dos personas influyentes dentro del ámbito regional de la política y la economía. Por un lado, el presidente del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso, argumenta con bastante fundamento sobre la necesidad de poner en marcha un canal público insular de televisión, con la finalidad de ofrecer contenidos formativos prácticos para la población e incrementar las posibilidades de contratación de las personas sin empleo, además de mejorar la posición de los que ya lo tienen, a través de una mayor cualificación.

No voy a poner en duda las buenas intenciones del presidente insular, sobre todo porque el proyecto todavía se encuentra en fase de concreción, ni mucho menos criticar el nacimiento de un nuevo medio de comunicación, que siempre me parece un hecho positivo, tanto si surge desde la iniciativa privada como de la pública. Cuando funcione el nuevo canal, habrá tiempo de evaluar si los contenidos se corresponden con los objetivos propuestos o si se utiliza para difundir propaganda.

Quienes no sé si estarán a la altura de este proyecto, y de la estrategia Tenerife 2030 dentro de la que se enmarca, son los empresarios locales, un colectivo cuyos representantes durante los últimos años han hecho más declaraciones pidiendo a los trabajadores que se bajen el salario y trabajen más horas haciendo lo mismo, que dedicando tiempo o recursos a la formación o a la mejora de la productividad a través de una innovación que debería ser más humana y menos mecánica.

Las sospechas se han transformado en certezas cuando leí en la prensa una entrevista a Rodolfo Núñez, economista, profesor universitario, ex consejero de Obras Públicas del Gobierno de Canarias, ex presidente de CajaCanarias y actual vicepresidente de Binter, en la que afirma textualmente “el que me venga con lo de la economía del conocimiento... que no me falte al respeto, porque yo tonto no soy”.

Podría pensarse que la frase está sacada de contexto, pero incluso dentro del que se hizo, el posible cambio del actual modelo turístico, suena muy contundente y descorazonadora, porque dentro de ese mensaje subyace la idea de que la realidad es la que es y no podemos cambiarla. Y si confrontamos este mensaje con los planes del Cabildo, la primera impresión es que en estas islas los políticos reman en un sentido y los empresarios justo hacia el contrario, pero las apariencias pueden resultar engañosas.

Si analizamos el actual modelo de establecimientos turísticos encontramos cinco grandes grupos de empresas que generan la mayoría de los empleos: hoteles-apartamentos, restaurantes-bares-cafeterías, animación-entretemimiento-ocio-discotecas, comercio y transporte. La estructura laboral de un hotel o apartamento es muy sencilla: un director que coordina toda la actividad, con o sin el apoyo de algún mando intermedio, según el tamaño del establecimiento, y el resto de trabajadores, fundamentalmente recepcionistas, camareros, botones, socorristas, personal de limpieza y de mantenimiento, siempre que estos últimos servicios no sean subcontratados. La remuneración de estos puestos de trabajo suele ser mileurista o inferior, a excepción del director o de algún mando intermedio.

Lo mismo sucede en lo demás grupos, con el añadido de que muchas actividades son desarrolladas por autónomos con algún empleado a su cargo, cuando existe esa necesidad por la propia evolución del negocio. En general, los ingresos mensuales netos de estos trabajadores varían entre los 600 y 1500 euros, cuando trabajan a jornada completa, por lo que, teniendo en cuenta el coste de los alquileres de viviendas o hipotecas, junto a los gastos imprescindibles de alimentación, vestido y calzado, nos encontramos ante retribuciones que aportan poco valor añadido al resto de sectores productivos.

¿Y qué piden los empresarios a estos trabajadores? Pues que hablen el mayor número de idiomas posible. Ya no basta con el inglés y el alemán, sino que, para captar turistas de nuevas procedencias, piden que hablen ruso, francés, italiano, noruego, sueco, finlandés o lo que surja. ¿Y este esfuerzo lingüístico a cambio de qué? En el mejor de los casos, a cambio de un pequeño plus salarial, pero en otros sólo para mantener el actual puesto de trabajo en las mismas condiciones retributivas.

¿Y forman los empresarios a sus trabajadores en los idiomas que quieren que aprendan? La realidad es que esa formación por parte de las empresas es prácticamente nula y son los propios trabajadores quienes tienen que costearse la formación o recurrir al sistema educativo público, que pagamos con nuestros impuestos todos los 'sujetos pasivos' de este país.

Así pues, en lo que respecta a los idiomas, estamos hablando de formación para enriquecer aún más a los empresarios que triunfan con el modelo actual y no a la sociedad que paga con sus tributos el coste de estos servicios. Pero ¿y si el modelo estuviera cambiando y el turismo de masas escogiera el modelo de alquiler vacacional frente al actual de apartamentos y hoteles de bajo coste con todo incluido? ¿Estaríamos aprendiendo idiomas sin necesidad? Y lo que es peor ¿no desaparecerían muchos puestos de trabajo para lo que se requiere ahora el conocimiento de varios idiomas? ¿Sería entonces una tontería apostar por la economía del conocimiento?

La economía del conocimiento requiere de profesionales con un alto nivel académico y formación universitaria específica de postgrado. Gracias a la economía del conocimiento llegan a las islas los turistas en aviones fabricados en otros países o navegan en barcos fabricados en otros países, se trasladan por nuestras carreteras en guaguas o coches fabricados en otros países, se alojan en establecimientos de cadenas hoteleras cuya propiedad es gestionada desde fuera de Canarias y si tienen problemas de salud se les recetan medicamentos patentados y elaborados en el continente. La materia prima con la que se produce la energía que consumen también es importada, así como el 90 por ciento de la comida con la que se alimentan y de los objetos que compran.

¿Y no tenemos en Canarias titulados y profesionales cualificados que puedan trabajar en la economía del conocimiento? Pues afortunadamente muchos, pero son pocos los afortunados que pueden desarrollar su actividad en estas islas. Los físicos cuentan con el IAC y los médicos con hospitales de referencia en muchos campos, pero el resto tiene que dedicarse a la enseñanza o salir fuera para trabajar en lo que saben. Algunos aventureros han montado empresas de vanguardia para desarrollar aquí lo que les contratan desde el extranjero, pero rara vez tiene encargos locales, ni siquiera de las administraciones públicas.

Muchas iniciativas lamentablemente fracasaron porque les hizo hace falta superar una 'masa crítica' para prosperar y no encontraron los apoyos sociales y económicos que precisaban. No se trata de subvencionar, sino de crear una estructura de intercambios que permita a estas empresas emergentes consolidar en las islas una economía del conocimiento sostenible y generadora de nuevos productos y servicios que aporten un valor añadido a los sectores productivos tradicionales. Y esta estructura constituye una necesidad prioritaria, no un capricho, a menos de que queramos seguir estando a merced de lo que decidan otros desde fuera sobre nuestro futuro.

domingo, 25 de junio de 2017

Guantineyto guesten: carreteras adoptadas

Los viajes nos permiten conocer como se organizan otras sociedades y como intentan resolver problemas cotidianos y otros más complejos, pero en ambos casos similares a los nuestros. En ocasiones las soluciones parecen tan simples que uno no puede menos que preguntarse: ¿cómo no se nos ha ocurrido esto antes?

En todos mis viajes recorro miles de kilómetros de carreteras y puedo afirmar con toda veracidad y rotundidad que en estas islas, pero sobre todo en Tenerife que es la isla en la que vivo, la situación actual del viario público es la peor de cuantas he transitado en los últimos diez años. Y excluyo de esta afirmación las calles o caminos empedrados por motivos históricos, porque en eso estamos equiparados todos los países.

Resulta especialmente preocupante el estado de algunos tramos de autopista y de carreteras principales muy transitadas. Un ejemplo lo sufro a diario en la TF-5 en diferentes puntos, pero hay una zona que está obligando a cambiar la forma de atravesarla a muchos conductores, entre los que me encuentro.

Soy de los que me gusta conducir tranquilo por el carril derecho de la autopista a unos 90 kilómetros por hora cuando la velocidad máxima permitida es superior, pero cuando llego a la altura de Guamasa no me queda más remedio que acelerar para pasarme al carril izquierdo y ponerme a adelantar hasta llegar a la salida de Los Naranjeros.

Y no soy el único que lo hace. Cuando hay poco tráfico, los pocos coches que circulamos por la vía nos pasamos todos a la izquierda, dejando el carril derecho vacío y evitando así los botes que provocan baches, socavones, grietas y surcos que abundan en este tramo.

El peligro es cuando hay tráfico y conductores de coches y motos a los que les gusta superar los límites de velocidad marcados, no respetan la distancia de seguridad y no dudan en intentar adelantar por la derecha como si tuvieran una urgencia vital y luego pierden el tiempo en abroncar al prójimo de manera irracional, como si fueran los dueños de la autopista.

Pasan los meses y los años y la situación de éste y otros tramos cada vez es peor desde el punto de vista de la seguridad viaria, por las extrañas maniobras de los conductores para evitar meter las ruedas donde el deterioro del asfalto es mayor.

Es posible que el arreglo ya esté presupuestado y que se ejecute en breve y que no se haya podido hacer nada antes por falta de fondos públicos, pero ¿es necesario esperar a que haya dinero para tomar alguna decisión política o existen otras alternativas?

En algunos países piensan que existen alternativas al reasfaltado completo de una vía cuando hay pocos o ningún recurso. En Finlandia se han especializado en bacheados parciales y encontramos centenares de kilómetros de vías en los que sólo sabemos que han sido arreglados por el diferente color del asfalto, pero a la hora de rodar apenas se nota diferencia entre el firme original y el nuevo.

En Noruega ponen peajes en los tramos donde se renueva el asfalto o se mejora el trazado, por lo que el arreglo lo pagan mayoritariamente los usuarios de estas vías. Estos peajes no interfieren en la circulación, sino que consisten en la instalación de unas cámaras que fotografían las matrículas de los vehículos y luego una empresa de cobro envía la factura al propietario por email o sms para que pague a través de una transferencia desde su cuenta o con tarjeta de crédito de manera segura y sencilla.

Pero donde me parece más imaginativa la solución que he encontrado hasta ahora ha sido en la Columbia Británica, en Canadá, y en Alaska, en Estados Unidos. En las carreteras y autopistas de ambos países se pueden ver carteles invitando a adoptar un tramo de dicha vía. Y este llamamiento ha tenido éxito, porque en algunos puntos debajo de esos carteles aparecen nombres de empresas o de familias que han aportado dinero para la conservación de la carretera.

Yo no estoy en disposición económica de contribuir al sostenimiento de una vía pública más allá de los impuestos y tasas de circulación que pago religiosamente todos los años, pero pienso que igual a algunas empresas turísticas y de transporte de pasajeros podría interesarles patrocinar una iniciativa de estas características, porque así mejoran su imagen y la de la isla, con la finalidad de que nuestros visitantes se llevan un mejor recuerdo de nuestras carreteras que el que pueden tener actualmente y regresen cuanto antes para volver a disfrutar con nuestros paisajes, atracciones, gastronomía y otras singularidades que no consistan en proporcionar temblores al cuerpo mientras se transita por una carretera.

martes, 30 de mayo de 2017

Smet Guañac: First Nation (Primera Nación)

Hacía bastantes años que no me encontraba el Día de Canarias fuera del Archipiélago y esta circunstancia hace que vea la celebración desde una perspectiva distinta, sobre todo porque me encuentro de regreso de un viaje que va a marcar mi vida futura en muchos aspectos.

El viaje que estoy a punto de terminar me ha llevado por diferentes territorios situados al noroeste del continente americano, como son la Columbia Británica de Canadá y el Estado de Alaska, en EE UU. En ambos he encontrado un denominador común: la importancia que le dan a la cultura de los primeros pobladores de ese continente y que ocupaban esas tierras antes de que llegarán los colonizadores europeos. Esas sociedades reciben en ambos casos la denominación oficial de First Nation (Primera Nación).

No he tenido tiempo de averiguar cual es la situación real por la que atraviesan los descendientes de esas sociedades, pero si he constatado el valor institucional y de mercado que tienen los símbolos de su cultura y en especial los elaborados por los artesanos de esas comunidades. Incluso cotizan al alza las imitaciones de esos símbolos manufacturadas o fabricadas por las industrias de países del sureste asiático o China.

También me ha llamado la atención la revisión que hacen los artistas actuales de esos símbolos y que me parecen admirables, porque está realizada desde la empatía hacia estas culturas, manteniendo rasgos tradicionales y combinándolos con elementos de la modernidad mediante diferentes lenguajes expresivos.

No tengo ninguna queja de la labor de los artistas canarios en relación con los símbolos de la cultura guanche en Canarias en cualquiera de los ámbitos en los que han desarrollado sus propuestas: música, danza, teatro, cine, pintura, escultura... Pero todavía me parecen relativamente escasas respecto a lo que he podido contrastar en este viaje.

Donde no cabe comparación es en plano institucional, por la relevancia que se le otorga tanto a las manifestaciones originales de estas culturas como a su actualización a la realidad cotidiana y a los desafíos de la sociedad pluricultural del siglo XXI. Y no hace falta salirse de las carreteras para confirmarlo. Las propias señales de tráfico te llevan hacia esos espacios, donde encuentras centros de interpretación o, como mínimo, paneles que ilustran e informan con todo lujo de detalles sobre la importancia y la aportación de estas sociedades al desarrollo humano.

Y he sentido envidia sana al verlo, porque en Canarias sólo he tenido una sensación similar de orgullo cuando visité el Museo y Parque Arqueológico de la Cueva Pintada de Gáldar, que nada tiene que envidiar a lo que he visto en estos países, pero que parece un oasis dentro de un gran desierto de ignorancia sobre una etapa muy importante e interesante del pasado de nuestras islas, donde la candidatura de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria a ser declaradas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad puede ser el revulsivo que necesita nuestra sociedad para impulsar la investigación y el conocimiento sobre la cultura de los primeros pobladores de Canarias.

Me gustaría percibir en Tenerife una mayor implicación de las administraciones públicas y de sus gestores en la difusión de este tipo de contenidos, donde la principal referencia dentro de un entorno natural es privada y corresponde al Parque Etnográfico Pirámides de Güímar. No basta con tener un magnífico Museo de la Naturaleza y el Hombre, sino de poder hacer visitables (o cuanto menos interpretables) lugares como la Cueva de Bencomo en La Orotava o las piramides o majanos de Icod.

A mi no me resultan suficientes los actos que se organizan por el Día de Canarias. Me gustaría poder hacer participe a cualquier persona de cualquier país en cualquier momento de todo el contenido histórico y emocional que atesoran la palabra Canarias y la palabra Guanche.