domingo, 6 de noviembre de 2016

Huratixerach: Dios (Gran padre creador)


El concepto de Dios me ha resultado siempre difícil de comprender, pero al final, después de muchos años, debido a mi escasa inteligencia, creo que lo he conseguido. Tanto en singular (el único y todopoderoso judío, cristiano y musulmán) como en plural (las genuinas deidades paganas), se trata de metáforas tras las que se ocultan las debilidades y limitaciones humanas.

Viajemos por un momento a la prehistoria y contemplemos con ojos ignorantes pero inquietos las montañas, ríos, lagos, glaciares, mares... ¿Quién hizo todo esto? Pero si alzamos la mirada en plena noche hacia el firmamento donde habitan las estrellas, galaxias y constelaciones (sin la contaminación lumínica actual que generan las ciudades), la pregunta adquiere la misma profundidad que la oscuridad que nos rodea: ¿qué es todo eso?

Ahora la ciencia nos aporta respuestas teóricas, algunas posiblemente equivocadas, pero que nos permiten comprender mejor lo que ya percibíamos: que somos una insignificancia molesta en el planeta y más aún en el Universo. Por eso, en aquella no tan lejana época, lo más lógico era pensar que existían grandes poderes, que se percibían encarnados en unos dioses creados a imagen y semejanza, en algunos casos desvirtuadas, del hombre, capaces de modelar y alterar la geografía, la biología y el Cosmos a su antojo.

Estas deidades causaban temor, como cualquier erupción volcánica, huracán, terremoto, tormenta o gran incendio, inundación, sequía... por lo que había que estarles agradecidas, tanto por la subsistencia en los tiempos tranquilos como por la supervivencia tras los desastres naturales.

Pero este tipo de lógica resulta bastante autodestructiva, porque se acaba culpabilizando al comportamiento de personas, comunidades o sociedades de acontecimientos en los que no tuvieron posibilidad de intervenir, pero que la imaginación humana interesada creía que provocaban la ira tanto de las deidades dispersas como del único dios todopoderoso, incluso después de que se difundiera el sugerente mensaje cristiano de que dios es sinónimo de amor.

Precisamente sobre esta faceta vengativa y violenta del dios único y todopoderoso versa el último poemario de la escritora Cecilia Domínguez Luis, titulado 'Profesión de fe', que ofrece un testimonio reflexivo y sensitivo sobre hasta qué punto una metáfora puede llegar a condicionar la vida humana, no para intentar mejorarla, sino para empeorarla.

Para quien haya leído 'Doce lunas de eros', parece inconcebible que la misma autora de ese maravilloso canto a la vida y al placer que puede alcanzarse al disfrutarla escriba unos textos con un trasfondo tan oscuro, tan sólo mitigado por la claridad de sus propias palabras, que brillan con la luz de quien se sabe no ha sido ni cómplice ni culpable de las desgracias que se le atribuyen a nuestra especie y especialmente a las mujeres, siempre sospechosas de querer suplantar a la divinidad por su capacidad para alumbrar la vida.

'Profesión de fe' salda una deuda mística y física pendiente de muchas generaciones de mujeres, que han sufrido una educación retrógrada, sexista y castigadora por el simple hecho de pertenecer al género femenino, al que se le atribuyen una serie de delitos que cualquier juez imparcial desestimaría por falta de pruebas. Solo que en cuestión de religiones, los mismos han sido siempre juez y parte.

2 comentarios: