domingo, 27 de noviembre de 2016

Guanehileyto: Cobardía

Cuando alguien se define en público como un cobarde, poco se puede añadir al respecto. En general, se suele atribuir la cobardía al prójimo, mientras que cuando se trata de uno mismo o de una persona querida o apreciada, el acto cuestionable se interpreta como fruto de la prudencia, cautela, mesura, templanza, sensatez, moderación, cordura, serenidad, reflexión, comedimiento o, incluso, de la misericordia.

Pero esas cualidades no las percibo en el personaje que se autoinculpó de cobardía hace unos días en su propio canal de televisión, que casualmente emite sin la preceptiva concesión administrativa, pero que no por ello ha dejado de ser patrocinado no sólo por empresas, sino también por administraciones locales, lo que no dice mucho a favor ni de las unas ni de las otras.

Pero la cobardía, no fue el único pecado que confesó ante el público el ínclito, sino que también reveló que todo lo que decía ante las cámaras estaba motivado por su resentimiento y odio hacia determinadas personas, ideas y pensamientos políticos que podríamos denominar como de izquierdas, además de reiterar, una vez más, su devoción por el franquismo, lo que no constituye una novedad, al menos dentro del ámbito de su entorno vecinal, municipal y allí donde llega la señal de su televisión en el norte de Tenerife.

No voy a entrar en este último fervor suyo porque considero esa etapa histórica de España como oscura y repudiable en muchos aspectos, pero especialmente en todo lo relativo a la firma por parte del dictador de penas de muerte, tanto por motivos políticos como de cualquier otra índole. Personalmente, estoy en contra de cualquier tipo de régimen que limite las libertades individuales y colectivas y también en contra de la pena de muerte.

Lo que realmente me preocupa es que desde una televisión que emite de manera irregular, que se financia a través de empresas y administraciones locales, se transmitan mensajes de incitación al odio hacia ideas y personas que no comulgan con las opiniones de este personaje, el cual ha sido erróneamente definido por una televisión de ámbito nacional como telepredicador, mientras que en la Isla ya hay voces que lo califican como un 'bocachancla', un término que parece demasiado generoso para este personaje, cuyos exabruptos merecen un calificativo más contundente, que mi imaginación no alcanza a encontrar más allá de 'raja-eructos'.

No creo que haya nadie en el planeta que merezca, ni siquiera él mismo, alguno de los improperios que profiere este personaje a los destinatarios de su ira, en cualquiera de los programas en los que interviene: basura, mugre, miserable, golfo ricachón, machango, macarra, parásito, rebenque, tota, escoria, godo hediondo, totufa, mamón, canalla, sinvergüenza, mierda, repugnante, imbécil, tarugo, bestia, que dan asco, borracha, feminazi, sucio, guarro, morralla, repudiados por sus propios hijos, gángster, zoquetes, delincuente, pelota, ceporro, patojera ridícula, descerebrados... y después de esos minutos de 'gloria' añade que todavía no ha empezado a insultar, que sólo está adjetivando y describiendo.

Tampoco creo que ningún micrófono, cable, antena, ondas y oídos merezcan soportar expresiones como las anteriores o la siguiente: "Yo no tengo nada de virtud en la vida y lo digo. Yo no puedo ir al cielo y lo digo de verdad. Porque el odio me come cuando veo el daño que le hacen a mi gente. No se perdonar a esta gente, no las podría perdonar nunca en la vida. No tengo conciencia de poder perdonar, por eso estoy seguro de que no voy a ser uno de los privilegiados que vayan al cielo y eso que soy un católico convencido. Y sé que hay cielo y hay dios. Y estoy seguro de ello y no tengo la menor duda de que no voy a ir. Pero si alguna virtud me dio aquel es tener unas espaldas y aguantar y soportar la presión desde que tengo 18 años, desde que no comulgué con la secta del Partido Socialista, desde que se me vino a ofrecer presidir las Juventudes Socialistas, porque mi abuelo, que está en el cielo y era socialista, pero un socialista de verdad, Nicolás López, que pensaba distinto de su nieto, pero que nunca me dijo nada porque me respetó, por eso vinieron a ofrecerme presidir las Juventudes Socialistas y les dije que me iba a morir antes que ser el presidente de semejantes ladrones. Así mismo se los dije. Y por haberme declarado franquista, no una, me declaro ocho mil millones de veces franquista, porque a mí no me ponen el bozal, no me pone la correa nadie. Yo pienso y vivo igual. Esa es la envidia que tienen todos estos que no me han derrotado..."

Si yo escuchara estas frases e insultos en una taberna me iría de inmediato, no por cobardía, sino porque no soy capaz de compartir un mismo espacio físico con un individuo así. Y eso es lo que voy a hacer a partir de ahora en otros ámbitos: no volveré a pisar ninguno de los restaurantes que se anuncian en su televisión, ni beberé el agua embotellada que aparece sobreimpresionada en la pantalla, ni compraré en las tiendas y establecimientos que le patrocinan y procuraré no gastar en los tres municipios cuyos ayuntamientos ponen publicidad (Los Realejos y Puerto de la Cruz, gobernados por el PP, y La Matanza, por el PSOE) para que no puedan obtener ingresos procedentes del dinero que tanto me cuesta ganar a través de tasas e impuestos a los comerciantes a los que les pueda adquirir algún producto o recibir algún servicio.

Por lo demás, hay dos expresiones muy canarias y no creo que sean ofensivas que dicen mucho del personaje y sus cómplices, cuando afirman que hacen televisión para defender al norte de Tenerife: ¡Te los regalo! y ¡Guárdame un cachorro!

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