domingo, 30 de octubre de 2016

Menceytoil: Anarquía


La gente suele creer que el significado de la palabra anarquía consiste en un escenario de caos en el que no es posible vivir, donde todo el mundo amenaza y desconfía de todo el mundo y donde se subvierte el orden jerárquico establecido de forma tradicional, como que en lugar de quemar a herejes y brujas se queman a curas y monjas o que éstos sufren abusos sexuales por parte de despiadados niños.

Lo cierto es que la palabra anarquía proviene del idioma griego y su acepción original hace referencia a la ausencia de gobierno o a una organización social carente de Estado o de un poder principal. Las referencias históricas sobre comunidades o colectivos que renunciaron a establecer jerarquías, aunque siempre mantuvieron cierto orden, son escasas y, por ello, interesantes.

Dentro de este grupo se cita a los clanes de la Irlanda Celta, a la Mancomunidad Islandesa que se mantuvo entre los años 930 y 1262 de nuestra Era, el Quilombo de Los Palmares en el Brasil de los siglos XVI y XVII, una discutida Libertaria nacida de la utopía pirata de los siglos XVII y XVIII, el territorio libre de Majnovia creado en Ucrania entre 1919 y 1921 y de carácter anarcocomunista, la provincia libre de Shinmin creada por coreanos en Manchuría entre 1929 y 1931, las comunidades anarcosindicalistas españolas crdeadas en Cataluña y Aragón durante la Guerra Civil y la ciudad libre de Christiania, que comenzó su andadura en 1971 y todavía sigue funcionando en un antiguo acuartelamiento militar danés en Copenhague.

Probablemente existieron en el pasado numerosas organizaciones sociales humanas de cazadores-recolectores que carecieron de jerarquías, pero en cuanto comenzaron a 'civilizarse' y a entrar en guerras se hizo imprescindible (para que una buena parte de la población pudiera seguir con vida, aunque fuera en régimen de esclavitud) el establecimiento de liderazgos, labrados a sangre, fuego o hierro.

La ausencia de estructuras de gobierno constituye, por tanto, una excepción a lo largo de los últimos siglos y cuando se produce se enmarca en territorios no muy amplios y al margen del arcaico concepto de Estado-Nación y, en la mayoría de los casos no suelen durar demasiado tiempo, salvo el caso de Christiania.

Hace unos años tuve la oportunidad de recorrer Christiania y me pareció un lugar agradable, donde la gente fuma en la calle las mismas sustancias que dentro de los Coffee Shops de Ámsterdam, nadie se mete con nadie ni te intentan vender nada, donde hay un par de almacenes con materiales para hacerse una casa uno mismo o con ayuda, sobrias tiendas de decoración, de artesanía y antigüedades, bares, casas de comidas, talleres de reparaciones, un mercadillo de ropa, calzado, complementos y 'souvenires', así como un supermercado o economato con productos obtenidos a través de canales de comercio justo.


Pude pasear por sus zonas verdes y ver un colegio especialmente colorido, pintado por los propios maestros, padres y alumnos y que, para mi satisfacción, tenía una canasta de baloncesto en su patio, justo delante de un magnífico grafiti naif en el que destacaba un intenso arcoíris. No puedo aportar imágenes, porque se pide a los visitantes desde la entrada que no se tomen fotos ni graben vídeos dentro de la zona comunal y me gusta respetar las decisiones colectivas.

Leo y escucho desde hace unos meses que España está sin gobierno, a pesar de lo cual no ha cundido el pánico ni entre la población ni en los temidos mercados, ni siquiera se ha llegado a asustar la aprensiva Prima de Riesgo. Algunos expertos dicen que nuestra economía ha evolucionado mejor que si hubiéramos tenido gobierno, menos en lo referido al incremento de la desigualdad, debido sobre todo a las malas decisiones del anterior ejecutivo.

Por eso no entiendo que el Congreso de los Diputados haya elegido al mismo presidente que ha promovido los actuales desequilibrios sociales (por no hablar de los casos de corrupción que asolan a su partido), ni tampoco que los que le han apoyado, por su acción u omisión, digan que lo hacen por 'responsabilidad'.

Claro que tampoco se puede pedir mucha responsabilidad a los políticos, si tenemos en cuenta lo que han hecho los electores: dar 7,9 millones de votos a un candidato que no ha tenido reparos en mentir y 'disfrazar' la verdad a su conveniencia, tanto cuando estuvo en la oposición como cuando lideró el gobierno, ya fuera en funciones o en disfunciones.

No confío demasiado en los políticos, por eso me mantengo expectante a ver que entiende la clase política de la nueva legislatura que le ha investido por 'responsabilidad', una vez que en anteriores episodios a la crisis se le ha llamado oportunidad, al paro de larga duración, tiempo para la redefinición profesional; a la concentración empresarial, liberalización; a la pobreza, carencia temporal de recursos, y a la esclavitud, productividad.

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