domingo, 18 de septiembre de 2016

Aridaman: Rebaños

Los humanos no somos los únicos seres vivos que tenemos una organización social. Peces e insectos tienen esa misma cualidad que nosotros y son criaturas presuntamente menos evolucionadas que los mamíferos, aunque estos últimos llevan menos tiempo habitando y adaptándose al planeta.

Pero no todos los mamíferos, como tampoco las diferentes especies de insectos y peces, son grupales y hay muchas que son individualistas, que compiten contra propios y ajenos y, excepcionalmente, mantienen relaciones con ejemplares del sexo opuesto para reproducirse, a veces a riesgo de perder su propia vida.

Los humanos tenemos tendencias grupales y nos organizamos en familias, clanes, tribus, comunidades, naciones... Pero tampoco nos resulta extraño que algunos individuos prefieran la soledad y el aislamiento, por la complejidad de nuestra privilegiada situación dentro de la pirámide evolutiva, ya que hasta hace no mucho éramos presas para los grandes carnívoros, mientras que ahora somos los mayores depredadores.

Un salto cualitativo para nuestra posición se produjo cuando conseguimos controlar en beneficio propio a las manadas de animales herbívoros, para acompañarlos primero en la búsqueda de pastos, hasta llegar a criarlos y engordarlos más o menos encerrados para aprovechar cuando lo necesitemos su fuerza en tareas de transporte, las propiedades nutritivas de su leche, sangre, carne y órganos, así como el abrigo de sus pieles.


El pastoreo convierte a las manadas salvajes en dóciles rebaños, donde el animal cumple algunas de sus funciones biológicas básicas en libertad vigilada y mantiene una falsa percepción de protección por parte del grupo, cuando en realidad su vida se encuentra a merced de la voluntad del pastor.

A veces me pregunto si esta forma de dominación humana sobre los animales se ha trasladado a nuestra propia organización social y somos pastoreados por las élites políticas y económicas, que nos utilizan para su provecho y, en algunas ocasiones, a su capricho. Es la única explicación que encuentro para entender los innumerables casos de corrupción que afectan a dirigentes y representantes de diferentes partidos políticos en territorios como Andalucía, Cataluña y País Valenciano.

Lo peor de todo es que el 'ganado' parece conforme, porque refrenda en las urnas con sus votos lo que ha venido sucediendo durante los últimos años, eligiendo mayoritariamente a los mismos que han saqueado los graneros y arrasado los pastos comunales, mientras nos ordeñaban, a la vez que nos desangrábamos, todo ello intercalado con mensajes reiterados para convencernos que el esfuerzo merecía la pena y que todo iba a mejorar más pronto que tarde.

Pero entonces me acuerdo de algunos pastores que conozco, que cuidan y miman a sus animales, que los consideran como parte de su familia, que hasta les ponen música y no dejan de agradecerles el alimento que les aportan para el sostenimiento de su grupo y les piden perdón cuando tienen que venderlos o sacrificarlos.


Y entonces siento cierta envidia de esos animales, porque no veo a los pastores políticos y empresariales agradecer, no sólo con palabras sino con hechos, los esfuerzos de ciudadanos, trabajadores y emprendedores para que ellos disfruten de su posición privilegiada. Y todo podría comenzar con un sencillo gesto de los presidentes del Gobierno y de la patronal, declarando que es urgente subir el salario mínimo interprofesional y reducir la jornada laboral, como sucede en Suecia, donde todas las empresas que han implantado la jornada de seis horas sin bajar los sueldos han incrementado su productividad y sus beneficios.

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