domingo, 28 de agosto de 2016

Abacanon: Años luz


Un equipo de científicos acaba de publicar en la revista especializada Nature el hallazgo de un planeta de parecidas características a nuestra Tierra, a 4,5 millones de años luz de distancia, al que han puesto por nombre Próxima b (aquí no han tenido mucha imaginación) y que orbita en torno a una estrella enana roja denominada Próxima Centauri. Los descubridores creen que, por sus características, podría llegar a albergar vida. Pero ¿qué tipo de vida? Y, lo que es más importante, ¿qué entendemos por vida?

El diccionario de la Real Academia Española no ayuda mucho a este respecto, pese a que incluye dieciocho posibles significados, pero la Biología define este concepto como "la capacidad de nacer, crecer, reproducirse y morir". Aquí es donde siempre me ha asaltado una duda: ¿El Universo podría considerarse como un ser vivo?

Porque si así fuera, todos sus elementos, tanto visibles (galáxias, nubes, estrellas, planetas...) como invisibles (energía y materia oscura, que sepamos) serían parte imprescindible de esta vida, como la materia inorgánica es procesada por las moléculas de materia orgánica para poder nacer, crecer, reproducirse y morir.

Si tenemos en cuenta la imprescindible interacción entre materia orgánica e inorgánica para el desarrollo de los que definimos como seres vivos complejos, ¿no podría ocurrir lo mismo entre las diferentes materias y energías que existen en el Universo del que formamos parte?

Entonces, la vida y su definición serían bastante más complejas y se escaparían a nuestro entendimiento actual. Quizá podría tratarse de una forma de organización eficiente o inteligente entre las diferentes formas de materia y energía que comparten un espacio-tiempo común.

Ahora bien: una cosa es que todo pueda ser vida y otra es que las formas de vida más o menos inteligentes tengan que parecerse. Si la vida toma la forma del entorno en el que se organiza, en Próxima b puede que la vida no se parezca nada a la que conocemos.

Para empezar, su estrella no es como la nuestra, sino una enana roja, que calienta menos pero que, previsiblemente, durará más tiempo. La distancia entre la estrella y el planeta también es bastante inferior (tan sólo el 5% de la distancia de la Tierra al Sol) y luego estarían otras variables como la rotación y la traslación, por no hablar de la precesión, la nutación, el bamboleo de Chandler o las variaciones orbitales.

Nuestra rotación es de 24 horas, la de Próxima b calculan que de unos 11 días, más o menos los mismos que los de la traslación, mientras que la Tierra tarda algo más de 365 días. Así, en Próxima B, el día y el año durarían más o menos lo mismo y podría ocurrir que a la mitad del planeta nunca llegue la luz. ¿Cómo puede influir eso en el desarrollo de la vida?

Además, de momento, no se ha encontrado un satélite como la Luna que orbite alrededor de Próxima b y el nuestro ha sido fundamental en el desarrollo de la vida en el planeta, por la influencia de la gravedad en las mareas, que son esenciales para mantener buena parte de los ecosistemas que posibilitan a muchísimas formas de vida nacer, crecer, reproducirse y morir.

No creo que llegue a poder viajar o vivir en Próxima b. Si pudiera teletransportarme, haría una breve visita a ese planeta por curiosidad y después de ver el panorama y saludar a las formas de vida de aquel lugar (si pudiera comunicarme con ellas y no acaban antes conmigo) regresaría a mi planeta, que es el que me ha formado a lo largo de miles de millones de años y al que me gustaría que mi especie dedicara más esfuerzo en la conservación de su biosfera, por un motivo tan egoista como posibilitar que mis descendientes puedan seguir disfrutándolo como hasta ahora algunos miles o millones de años más y, si no fuera mucho pedir, hasta que el Sol finalice su ciclo vital actual y nos abrase en su metamorfosis (calculan que para dentro de unos 5.000 millones de años) de enana amarilla hacia gigante roja.

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