sábado, 2 de julio de 2016

Teguerenon: Historias

A veces tengo la percepción de que no somos capaces de aprender las lecciones de la historia. Quizá porque nos creemos mejores que nuestros antepasados y pensamos que no vamos a caer en los mismos errores que ellos. Y es entonces cuando tropezamos en la misma piedra, porque las piedras estaban mucho antes que nosotros en este planeta y por eso son más sabias... y duras, por lo que el golpe se lo lleva siempre uno, no la piedra.

Esta apreciación me surge no tanto por los resultados de las elecciones generales del pasado 26 de junio de 2016, sino por la interpretación que están dando analistas, periodistas y políticos a través de los medios de comunicación, porque sobre lo que comentan en privado muy poco trasciende y lo que se filtra suele fundamentarse en especulaciones y deducciones con poca base real. En algunos casos raya en la experiencia paranormal, con mensajes cifrados y todo.

Los datos disponibles hasta este momento en la página del Ministerio del Interior, sin embargo, son elocuentes: Tanto el 20 de diciembre de 2015 como en la última convocatoria el porcentaje de votantes, abstencionistas, emisores de votos nulos y blancos fue muy similar. El PP obtuvo 7.9 millones de votos para el Congreso de los Diputados, ganó 669.220 respecto a seis meses antes, un 4,32 por ciento más y 14 nuevos diputados. El PSOE consiguió 5,4 millones de votos al Congreso, 120.606 menos que en diciembre, pero curiosamente en porcentaje subieron del 22 al 22,66 por ciento (¡Qué alguien me lo explique, por favor!), lo que no impidió que perdieran cinco escaños. Ciudadanos logró 3,1 millones de votos, 390.759 menos que en los anteriores comicios, perdiendo el 0,89 por ciento y 8 escaños.


También sumaron menos votos Convergencia Democrática de Cataluña, el Partido Nacionalista Vasco, Bildu, Coalición Canaria, Unión Progreso y Democracia (105.000 menos), el Bloque Nacionalista Gallego y la formación de ultraderecha Vox. Ganaron votos el grupo defensor de los derechos de los animales Pacma (64.000 más), Esquerra Republicana de Catalunya (27.000 más) y la coalición Recortes Cero-Grupo Verde.

Los resultados de la coalición Unidos Podemos y de las denominadas confluencias merecen un comentario más extenso por la complejidad de las organizaciones que integra este heterogéneo proyecto y el tipo de acuerdos que en los que se sostiene.

La suma total alcanzada por este conjunto de formaciones en junio de 2016 fue de poco más de 5 millones de votos, 1.089.760 menos que en diciembre de 2015, aunque con idéntico número de escaños en total: 71. Entonces, si no aumentó la abstención ¿cómo se evaporara un millón de votos en sólo seis meses?

Si echamos la vista atrás, al comienzo de la actual etapa democrática, cuando comenzaban a organizarse los partidos políticos, encontramos algunas curiosas coincidencias, sobre todo por la izquierda. En los primeros comicios de junio de 1977, la UCD sacó 165 diputados, el PSOE 118, el Partido Comunista (PCE) 20, Alianza Popular (precursora del actual PP) 16 y el Partido Socialista Popular (PSP) del profesor Enrique Tierno Galván 6.

Tras el referéndum en el que se aprueba la Constitución Española, se convocaron en marzo de 1979 nuevas elecciones, que otorgaron 168 escaños a UCD y 121 al PSOE, en el que se había integrado el PSP, por lo que la unión no sumó ni tuvo el efecto multiplicador que se pretendía, como sucede actualmente con la coalición entre Podemos e Izquierda Unida, con la salvedad de que en aquella ocasión el PCE subió a 23 escaños. Por la derecha también hubo cambios y Coalición Democrática (en la que se había integrado Alianza Popular) sólo obtuvo 9 escaños y la extrema derecha de Unión Nacional (donde se integraba Fuerza Nueva) alcanzó por primera y única vez un diputado.

Esta etapa que tuve la oportunidad de vivir en primera persona fue mucho más turbulenta que la actual, terminó con la descomposición del partido del gobierno (UCD) y un afortunadamente fracasado golpe de Estado el 23 de febrero de 1981. Las nuevas elecciones de octubre de 1982 cambiaron por completo el panorama: El PSOE consiguió casi la mitad de los votos (48,11 por ciento, nadie ha conseguido hasta ahora nada igual) y 202 diputados, la coalición AP-PDP subió a 107, mientras que UCD bajó a 11 y el PCE a 4. Adolfo Suarez, el presidente de la transición, crea el CDS y consigue dos diputados y desaparecen del hemiciclo todos los partidos regionalistas que habían obtenido representación en la anterior convocatoria: el Partido Socialista Andaluz-Partido Andalucista, Unión del Pueblo Canario, Partido Aragonés Regionalista y Unión del Pueblo Navarro. En este nuevo escenario, los únicos que consiguieron resistir y afianzarse fueron los partidos nacionalistas catalanes y vascos.

Hay quien piensa que esa victoria del PSOE fue fruto de las circunstancias, pero un partido y un líder no se mantienen en el poder casi 14 años (después de una 'dulce derrota' en palabras del propio Felipe González) si no se toman decisiones acertadas y se genera confianza en el electorado de las clases medias.

Y creo que gran parte del éxito de 1982 se debe a un acierto de Felipe González en mayo de 1979 con lo que parecía entonces una arriesgada apuesta. El XXXVIII Congreso del PSOE rechazó la propuesta de su Secretario General de abandonar las tesis marxistas, lo que provocó su dimisión y la convocatoria de un congreso extraordinario en septiembre que reeligió a Felipe González como Secretario General y avaló su propuesta de socialismo democrático con estructura federal, siguiendo el modelo de algunos partidos socialistas europeos.

Con el paso de los años y de las decisiones, por no hablar de la corrupción acumulada, los partidos que se han turnado en el gobierno, a excepción de la desaparecida UCD, han perdido buena parte del crédito que tenían entre su electorado, a lo que se añaden unas nuevas generaciones de votantes a las que se les niega la misma estabilidad y derechos sociales que a sus progenitores, lo que ha provocado la aparición de formaciones emergentes como Podemos o Ciudadanos, que han sido las principales damnificadas entre los votantes del 26 de junio, respecto a los del anterior 20 de diciembre.

La perseverancia seguro que les ayudará en el futuro, pero en el caso de la apuesta más arriesgada, la de Podemos, creo que va a tener que soltar el lastre marxista, al igual que hizo Felipe González con el PSOE en su momento, porque el marxismo es un magnífico modelo teórico crítico desde el punto de vista económico, político y social, pero no aporta soluciones prácticas al sostenimiento de un Estado del Bienestar basado en el libre intercambio de bienes y servicios, y menos aún dentro de unos mercados cada vez más globalizados.

El futuro está por escribir, pero en todos los cuadernos existen renglones sobre los que debe deben reposar las palabras, para que resulten más comprensibles, y todavía falta por argumentar, para luego poder poner en práctica cuando llegue el momento, un concepto tan cacareado como desconocido como la transversalidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario