sábado, 9 de enero de 2016

Ach heagual: La pregunta

Esta semana he vivido una experiencia que raya en lo paranormal, aunque la he compartido con miles de personas y ninguna parece darle la menor importancia.

El lunes, después del trabajo y de almorzar me puse a ver la televisión y no encontré nada interesante que ver, por lo que recurrí a dejar sintonizado el canal 24 Horas de TVE y escuchar y ver las noticias de actualidad que se iban produciendo.

Todo seguía un curso normal, entre las intrascendentes cuestiones domésticas y las matanzas y desastres habituales en los lugares de conflicto, hasta que anunciaron que se preparaban para conectar con dos presuntas ruedas de prensa y que las iban a ofrecer íntegras en directo por su interés informativo. La primera estaba convocada por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y la segunda por el Real Madrid Club de Fútbol.

Durante más de dos décadas me he dedicado, entre otras funciones periodísticas e informativas, a organizar ruedas de prensa y eso generó en mi unas expectativas que luego quedaron frustradas por lo que aconteció en ambas convocatorias.

En la primera, el líder de ERC, Oriol Junqueras, pronunció durante un cuarto de hora, más o menos, un discurso ideológico en el que analizaba desde su perspectiva la situación política catalana y en el que pedía a los grupos en favor de la independencia seguir dialogando hasta el último minuto para tratar de alcanzar un acuerdo para elegir a un presidente.

Desde la lejanía, me llamó mucho la atención su descripción del escenario negociador y la utilización de un concepto muy de moda pero con escaso contenido real: la transversalidad. Lo que venía a decir en su mensaje es que para iniciar un calendario hacia la independencia de Cataluña es necesario contar con todos los sectores sociales y que para eso se precisa poner de acuerdo a diferentes clases, como en todo proceso constitucional convencional: Burguesía, clases medias y trabajadoras y a diferentes grupos de edad.

A partir de esa descripción y de su petición de diálogo me surgió una pregunta: ¿es transversal o simplemente coherente iniciar una segregación, separación, desconexión o desvinculación con menos de la mitad del electorado inicialmente a favor? Y a raíz de ésta, me surgió otra: Si para modificar la Constitución Española se necesita la conformidad de al menos tres quintas partes de las cámaras legislativas ¿debe iniciarse un proceso de estas características sin el apoyo explícito de más de la mitad del electorado o de las tres quintas partes del Parlament catalán?

Igual las preguntas ya habían sido formuladas y contestadas con anterioridad, pero ni siquiera en internet he encontrado respuestas razonablemente aceptables, al menos para mí y, quizá por eso pensé que era el momento oportuno de volver a plantearlas. El caso es que esperé a que fueran pronunciadas por los periodistas asistentes y eso nunca ocurrió.

Durante otra media hora se repitieron interpelaciones sobre si Artur Mas era el candidato más conveniente, ante el rechazo a su candidatura a la Presidencia de la Generalitat por parte de la Candidatura d'Unitat Popular (CUP), sobre si Oriol Junqueras u otra persona podía ser la alternativa o sobre otras posibles formas de acuerdo. Las respuestas fueron siempre las mismas: hay que dialogar y hacer los sacrificios que sean necesarios para llegar a un acuerdo, pero yo seguía preguntándome: ¿Para qué? ¿Para quién?

La retransmisión de la rueda de prensa fue interrumpida desde los estudios centrales de TVE cuando la repetición de las preguntas y las respuestas resultaba ya insoportable, no debido a un acto de censura, sino porque empezaba la otra presunta rueda de prensa en dependencias del Estadio Santiago Bernabéu.

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, habló durante dos minutos apoyándose en un texto sobre el acuerdo adoptado por la Junta Directiva de cesar a Rafael Benítez como entrenador del primer equipo y nombrar como sustituto al entrenador del filial, el histórico ex jugador internacional francés Zinedine Zidane, que intervino a continuación durante poco más de un minuto, para agradecer la confianza y confirmar que dedicará todo su esfuerzo y conocimientos para conseguir que el club gane alguna competición esta temporada. Luego, ambos posaron para los fotógrafos, primero solos, después con la familia del flamante nuevo entrenador y más tarde también con otros jugadores veteranos y directivos. Ahí acabó la presunta rueda de prensa, sin opción a preguntas y en la que se dedicó más tiempo a posar ante los reporteros gráficos que a dar explicaciones sobre los hechos.

El resultado de tan fatal coincidencia de ambas presuntas ruedas de prensa fue el más absoluto desasosiego profesional. Aunque 'mis' ruedas de prensa nunca fueron perfectas, guardo un entrañable recuerdo sobre sus protagonistas y los profesionales que participaron en ellas. Algunos de estos últimos se debían ir corriendo, porque tenían al mismo tiempo o escasos minutos después otra convocatoria, pero los que se quedaban solían sorprendernos con preguntas inteligentes o incisivas.

¿Hemos perdido los periodistas y comunicadores la capacidad de hacer preguntas interesantes? ¿Son Jordi Évole, Ana Pastor o Risto Mejide una excepción o la punta de un iceberg oculto bajo un océano de desilusión? ¿Seguimos teniendo la capacidad de escuchar y reaccionar ante determinados mensajes interpelando sobre ellos para poner en evidencia sus contradicciones o aclarar las verdaderas intenciones de quienes los lanzan?

A mí me parece apasionante el período histórico que vivimos y creo que con preguntas acertadas en los momentos oportunos los periodistas y profesionales de la comunicación podemos ayudar a los ciudadanos y a los dirigentes sociales, económicos y políticos a adoptar mejores decisiones. Porque, a veces, una pregunta, como sucede con la poesía, la filosofía o la ciencia, tiene la capacidad de modificar la percepción de la realidad y por ahí comienzan los cambios más sustanciales. Por eso, cuando nos dejamos una pregunta 'en el tintero' o no se permite interpelar a un personaje no sólo renunciamos a transformar lo que conocemos y no nos gusta, sino también a que otros puedan hacerlo y eso constituye una completa irresponsabilidad.

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