sábado, 11 de julio de 2015

Auchanahele tagora: Patio de colegio

En términos coloquiales, se califica a una situación como "de patio de colegio", cuando quienes participan en la misma se comportan de manera infantil o irresponsable y, hasta cierto punto, irracional.

Desconozco lo que sucede en los patios de colegio en la actualidad, pero, cuando era niño, los patios de mis colegios eran espacios de libertad, en los que se desarrollaba una intensa actividad social, en general, muy gratificante.

Los patios de mis colegios fueron escenarios de grandes juegos colectivos, sobre todo cuando aparecía, como por arte de magia, una desgastada pelota de tela o plástico mediana y ligeramente deshinchada (lo suficiente para que no pudiera ser golpeada con fuerza y acabara rompiendo el cristal de una ventana o perdiéndose tras el muro o la valla).

Entonces se producía el esperado y a la vez improvisado encuentro del siglo, con cuatro mochilas por porterías, situadas equidistantes de dos en dos unos cinco pasos a lo ancho de un rectángulo que no debía medir más de doce por quince metros. Si el patio era un poco más grande y había dos pelotas, se jugaban dos partidos a medio campo, sobre cada una de las porterías, que tenían cancerberos que no eran de ninguno de los equipos, sino independientes.

Allí, sin árbitros, se formaban dos equipos sin una indumentaria común, sino más bien variopinta, con un número de jugadores incierto, pero que podría rondar al principio entre los treinta y los cincuenta por cada bando, dependiendo si la disputa se hacía por grupos o por cursos: los del A contra los del B o los de cuarto contra los de quinto.

Y comenzaba aquel memorable partido, presuntamente de fútbol, que se iniciaba con algo similar a un saque neutral, pero que, entre tanta multitud, se acababa pareciendo más al antiguo 'calcio' de Florencia, y donde nunca se pitaban faltas, porque toda acción punible era involuntaria y primaba la aplicación más laxa de la famosa 'ley de la ventaja', fundamentada en un uso práctico de la reputada teoría física sobre el espacio-tiempo denominada 'no hay un segundo que perder'.

El primer éxito residía en conseguir tocar el balón en la dirección acordada por tu equipo, para luego intentar repetir el infrecuente acontecimiento cuantas veces la fortuna lo permitiera. El gol era ya un regalo inesperado, una fiesta casual que rara vez se repetía en un mismo día y que, cuando sucedía, se convertía en un irrelevante momento histórico.

Quizá por esas y otras buenas experiencias que tuve en los patios de los diferentes colegios por los que pasé, me duele el contenido peyorativo de la expresión 'de patio de colegio', con la que me dan ganas de definir las negociaciones que llevan a cabo desde hace un tiempo más que respetable la Unión Europea (UE) o la Troika (la misma UE más el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) y Grecia.

Sinceramente, no sé a qué están jugando, sobre todo los primeros, porque a los representantes helenos actuales les cabe al menos el beneficio de la duda, ya que forman parte de un gobierno que lleva tan sólo unos meses ejerciendo, además a contracorriente, y se les presupone cierta inmadurez e inexperiencia.

¿Pero qué sucede con integrantes de la Troika, que hasta Obama les ha manifestado su preocupación? Los máximos dirigentes y los altos funcionarios de estas instituciones y organismos poseen una larga trayectoria como políticos, gestores y responsables públicos. ¿Cómo se explican entonces unos comportamientos tan insensatos e imprudentes, por no calificarlos directamente como negligentes, cuando se trata del futuro de varios millones de compatriotas europeos?

Si desde su actual perspectiva deshumanizadora y de rancio mercantilismo tratan así los asuntos domésticos, se entiende el rotundo fracaso de la política internacional de la EU en materias como la inmigración o la ayuda a los países en desarrollo.

La dimisión del ya ex ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, para no entorpecer el proceso negociador, retrata a los personajes más relevantes de las instituciones europeas y de la Troika, ya que lo hace en función de que su retirada pueda facilitar el acuerdo. Y no sólo porque lo haya dicho él, sino porque ya lo habían manifestado algunos de sus ahora ex interlocutores con anterioridad.

Si yo hubiese sido Alexis Tsipras, después del referéndum hubiera anunciado en el Parlamento una reforma fiscal, para equiparar los impuestos de las grandes empresas trasnacionales que operan en la UE al sistema tributario de Luxemburgo. Así, llevándose los griegos la pelota, hace días que se hubiera terminado este absurdo partido.

Los patios de mis colegios nunca fueron excluyentes. Podías quedarte al margen en el partido si no querías participar y no pasaba nada, podías hacerte daño y tener que salir del campo o simplemente dejarlo por tener un mal día y no 'rascar bola', pero nunca abandonabas el patio hasta que sonaba el timbre que te recordaba que tenías que volver a tus obligaciones junto a todos tus compañeros.

Por lo que se ve, en lo único que se parecen los patios de mis colegios a la UE o a la Troika es que no interesa si tienes o no la razón o cuáles son tus convicciones, lo que realmente importa es tener suerte y éxito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario