domingo, 7 de junio de 2015

Muhefemaca: Prosperidad (construir el futuro con nuestras manos)

La historia nos enseña, aunque lo que creemos conocer no deja de ser un relato de ficción basado en hechos reales, que la prosperidad de las sociedades depende de su capacidad para controlar las materias primas que necesitan para su sostenimiento y desarrollo y para organizar la fuerza de trabajo necesaria para su utilización.

Por eso, las civilizaciones y colectivos con mayor riqueza a lo largo del tiempo no siempre han sido aquellas que disponían de esas materias primas y trabajadores con capacidad de extraerlas del entorno que habitaban y modificarlas a su conveniencia, sino de quienes imponían por la fuerza su dominio sobre determinados territorios y sus poblaciones, instaurando de forma sistemática su explotación.

Después de muchas guerras, desastres y desgracias por estos motivos, todos los Estados representados en la Asamblea General de las Naciones Unidas acordaron el 10 de diciembre de 1948 suscribir la Declaración Universal de Derechos Humanos, un texto que debería ser inculcado en todas las escuelas y de obligado conocimiento para todas las personas que habitamos en este planeta, porque entonces muchas cosas comenzarían a cambiar.

Incluso los juramentos de los cargos públicos electos deberían hacerse sobre este texto y no sobre otros de carácter religioso, más ambiguos, metafóricos y sujetos a interpretación, porque hay creencias que consideran que están por encima del propio ser humano y relegan a éste a la simple condición de esclavo de su fe.

Si contemplamos el panorama geopolítico actual, la Declaración Universal de Derechos Humanos es 'papel mojado' para una gran parte de los países representados en las Naciones Unidas, y eso que, para formar parte de esta organización, debieron de suscribirla en su día. Por no hablar de las empresas trasnacionales, que simplemente las ignoran y se aprovechan de su incumplimiento, cuando no instan directamente a su desprecio a los gobiernos de los países donde extraen las materias primas u obtienen la fuerza del trabajo.

Porque no es casualidad que no se cumplan los Derechos Humanos en muchos países donde se extraen algunas de las principales materias primas (petróleo y minerales) y donde se fabrican los componentes tecnológicos y bienes de consumo que precisamos en las regiones desarrolladas.

Como tampoco es una coincidencia que, según el Informe Oxfam hecho público el pasado 2014, sólo el 1 por ciento de la población acapara la mitad de la riqueza del planeta, mientras que el 99 por ciento restante comparte la otra mitad.

El progreso futuro de la humanidad no debe cimentarse sobre la desigualdad y el incumplimiento sistemático de los Derechos Humanos, sino sobre principios compartidos de equidad, libertad y justicia social. Si estos principios inspiraran nuestra actividad cotidiana, no importaríamos ni compraríamos productos elaborados en países donde no se respetan los Derechos Humanos, por muy baratos que fueran (y a veces también innecesarios), y buscaríamos aquellos amparados bajo la etiqueta de 'Comercio Justo'.

Algunas decisiones a este respecto, aunque nos parezcan insignificantes, las podemos adoptar nosotros mismos, como consumidores, si queremos para nuestros descendientes una prosperidad compartida en el futuro. Con ese pequeño esfuerzo, pero de gran valor moral, podremos luego exigir a nuestros políticos y gobernantes que hagan lo mismo con las grandes decisiones.

Las cifras de la reciente crisis demuestran que los más ricos pueden enriquecerse aún más, cuando consiguen solucionar los problemas ocasionados por su desmedida ambición mediante el empobrecimiento de los que menos tienen.

Creo que no existen mejores principios para cambiar los criterios en los que se basa la actual y limitada prosperidad de nuestra civilización que aplicar la Declaración Universal de Derechos Humanos en todos los ámbitos de nuestra vida, aunque teniendo en cuenta que todavía quedan individuos que no quieren asumirla e intentan esclavizarnos. Les invito a leerla y reflexionar sobre ella, que está accesible en la web http://www.derechoshumanos.net/normativa/normas/1948-DeclaracionUniversal.htm


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