lunes, 4 de mayo de 2015

Teno: Calendario

El macizo de Teno constituye uno de los conjuntos geológicos más antiguos y hermosos de Tenerife, formado, al igual que las cumbres de Anaga y Adeje, en un período comprendido entre siete y cuatro millones de años atrás, aunque también se han venido produciendo erupciones más recientes como se puede comprobar en la misma Punta de Teno, la Isla Baja y, en la otra vertiente, el cercano Chinyero.

El significado del nombre que le pusieron los guanches a esta zona so ha sido aclarado, pero me inclino a pensar que equivale a nuestro concepto de calendario, aunque también es posible que se refiera a su situación hacia el oeste o poniente.

Uno de los elementos que me invita a apostar por la idea del calendario es el yacimiento de Pico Yeje, en Masca, conocido como la quesería, por la forma circular de uno de los grabados, con cortes radiales que asemejan porciones de queso.

Los motivos han sido interpretados como propios de un ara ceremonial de culto a Magec, la deidad que representaba al Sol, con radios alineados hacia la puesta y salida del sol en el solsticio de verano y la puesta en el de invierno.

La organización del tiempo constituye una de las señas de identidad culturales más importantes y varía según las distintas concepciones de las sociedades que lo incorporan, manteniendo siempre un fuerte vínculo con las creencias religiosas.

Existen diferentes tipos de calendarios, en función de la referencia sobre la que se asientan: Luna, Sol, estrellas, acontecimientos divinos o excepcionales y fenómenos cíclicos más o menos estables. Detrás de todos ellos hay cálculos matemáticos más o menos acertados, que persiguen hacer más predecible el futuro y estar preparados para afrontar fenómenos naturales, como sequías e inundaciones, para que afecten lo menos posible a nuestra actividad social y económica.

El calendario más antiguo del que se tiene constancia está considerado como lunar, se encuentra en Escocia y se estima fue creado hace unos 10.000 años. Los calendarios lunares son imprecisos en algunos aspectos, porque toman como referencia el reflejo visible (o su ausencia) de nuestro satélite, pero esa percepción no coincide con la rotación, traslación, ni con la inclinación del eje de nuestro planeta en relación al Sol, que produce estaciones contrapuestas en los dos hemisferios.

Pero los calendarios solares tampoco son del todo exactos, porque nuestro Sistema Solar no es matemáticamente perfecto y el número de rotaciones de la tierra (días) no resulta preciso respecto al tiempo que tardamos en dar un giro completo en torno a nuestra estrella, por lo que necesitamos de años bisiestos para ajustar parcialmente esa diferencia.

Esto sucede en nuestro sistema occidental de medición del tiempo, conocido como Calendario Gregoriano, que se calcula que tiene una inexactitud teórica de un día cada 3.300 años, lo que no es del todo real, porque tanto la rotación de la tierra como la traslación se van ralentizando con el paso de los años, aunque de forma imperceptible, por lo que habrá que comprobar si estos cálculos son acertados, dentro de unos cuantos siglos.

No ocurre lo mismo con otros calendarios, como el Persa, considerado como el más preciso, ya que se calcula que su margen de error es de un día cada 3,5 millones de años, lo que tendrá que ser verificado en su momento, si el ser humano todavía existe, ya que el pasado mes de marzo del georgiano 2015 comenzó el año persa 1394.

Bastante exacto, aunque desde mi punto de vista extremadamente complejo, resulta también el famoso Calendario Maya, que tiene una parte sagrada de 260 días y otra civil de 365, así como diferentes ciclos: la cuenta de 9 días de los señores de la noche, la cuenta venusiana de 584 días, la cuenta lunar de 18 meses, la rueda calendárica de 52 años civiles y la cuenta larga de 5.200 años, cuyo primer ciclo comenzó el 13 de agosto del año 3114 antes de nuestra era y el segundo empezó con el solsticio de invierno del pasado 2012, fecha en la que algunos agoreros habían vaticinado el fin del mundo.

En la actualidad coexisten varios calendarios, vinculados a diferentes creencias religiosas, como el Hebreo, el Musulmán o el Budista. Mención aparte merecen el Chino y el Hindú: el primero no es oficial en China (que adoptó el Georgiano), pero que se conserva para conmemorar algunas tradiciones; mientras que el segundo es una reunificación de los diferentes calendarios locales, se inicia el 22 de marzo, dura 12 meses de 31 y 30 días y consta de seis estaciones: primavera, los calores, las lluvias, otoño, invierno y el rocío.

Todos los calendarios persiguen la utilidad práctica, por lo que una unificación completa en el todo el planeta conlleva riesgos, aunque se usen las mismas referencias, porque luego se producen factores geográficos o locales que alteran los fenómenos que se busca predecir.

Todo ello produce contradicciones e incoherencias, que muchas veces están sustentadas sobre la propia génesis del calendario. Así, nuestro Georgiano, toma como referencia para establecer el primer año el cálculo inexacto de la fecha de nacimiento de Jesucristo, según su calendario predecesor, el Juliano, de origen romano.

Desde una perspectiva religiosa, lo lógico debería de ser que el día primero de ese primer año coincidiera con el del nacimiento de Jesucristo, pero, en su momento se toma la decisión 'política' de que el feliz natalicio se celebre el 24 de diciembre y que el 1 de enero comiencen los años sucesivos y que esa fecha se sacralice como la conmemoración de la maternidad de la Santísima Virgen María.

Sin entrar en detalles sobre los posibles errores o aciertos en la elección de efemérides que hayan orientado la elaboración de nuestro calendario Georgiano, creo que todos coincidimos en la importante ascendencia religiosa que posee y que se concreta en la elección de los días festivos que celebramos todos los años.

En España, por ejemplo, los días oficialmente festivos de carácter civil se ciñen a tres: El Día del Trabajo, el Día de la Constitución y el Día de la Comunidad Autónoma. Los días de Año Nuevo y del 12 de Octubre, pueden considerarse mixtos, pues también tienen contenido religioso, aunque en el segundo caso la fecha de la llegada de Cristóbal Colón a América parece prevalecer sobre la elección en 1807 de ese día para honrar a la Virgen del Pilar.

La mayoría de celebraciones oficiales del Estado en 2015 (lo mismo que las fiestas locales) son completamente religiosas, aunque, en algunos casos, pudieran tener un origen pagano: la Epifanía del Señor (6 de enero), Jueves y Viernes Santo (Semana Santa de la primera luna llena después del equinoccio de primavera), Asunción de la Virgen (15 de agosto), Día de Todos los Santos (1 de noviembre), la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) y la Natividad del Señor (25 de diciembre).

Con tantas variables a tener en cuenta a la hora de elaborar un calendario y adaptarlo a nuestras necesidades reales, no resulta extraño que exista una notable confusión a la hora de abordar el conocimiento de la estructura del Calendario Guanche.

Las fuentes documentales y los investigadores discrepan sobre la fecha de inicio del acano, el año guanche, que unos consideran empezaría con el equinoccio de primavera (20 o 21 de marzo), otros con el solsticio de verano (entre el 20 y el 22 de junio), mientras que una tercera corriente lo ubica el 15 de agosto, que coincide con la festividad católica de la Asunción de la Virgen María, pero también con la cíclica aparición de la estrella Canopo en la bóveda celeste, o con otros fenómenos como las lluvia de meteoros conocida como perseidas o lágrimas de San Lorenzo.

Con independencia de estas fechas de inicio, el acano estaría dividido en doce meses lunares, lo que dejaría incompleto el año. En otras culturas, esto se ha solucionado de dos maneras: creando un décimo tercer mes cada cierto tiempo o aportando más días a uno de los meses (principalmente el último).

No conocemos con exactitud cómo decidieron organizar su tiempo los guanches, pero sabemos que eran inteligentes, sensibles, observadores y amantes de la naturaleza, por lo que probablemente su Teno sería más complejo, místico y espiritual de lo que pensamos y que muchas fechas debían estar guiadas por un firmamento que, en cualquier noche despejada y a cierta altura, constituye uno de los espectáculos más maravillosos que pueden ser contemplados, como lo confirman los astrónomos de tantos países que vienen a mirar y estudiar las estrellas desde los telescopios instalados en cumbres Canarias.

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