lunes, 20 de abril de 2015

Hanalini: Colaboración

La vida nace de la colaboración y ésta es una realidad que deberíamos tener siempre presente. Según los conocimientos físicos que disponemos hasta este momento, el punto de partida se encuentra en los átomos que son capaces de compartir electrones para asociarse y formar moléculas, las cuales, a su vez, establecen diferentes vínculos entre sí, sobre los cuales se asienta la vida.

Pero, a partir de ahí, todo comienza a complicarse, y muchos seres se dedican a competir entre ellos, para tratar de sobrevivir dentro de entornos con recursos limitados o en condiciones extremas, lo que resulta comprensible.

La evolución natural premia a los triunfadores de estas batallas, pero la interdependencia entre verdugos y víctimas hace que la desaparición de los segundos implique también la de los primeros.

En el mantenimiento de este delicado equilibrio reside actualmente el éxito de las formas de vida que habitamos en nuestro planeta, aunque, de vez en cuando, somos sorprendidos con el hallazgo de alguna especie que creíamos extinguida, con características diferentes a las de la mayoría y que han conseguido pasar desapercibidas y prácticamente inalteradas a lo largo de cientos de millones de años.

Para seres presuntamente inteligentes o 'sapiens', como nos autodenominamos los humanos, esta longevidad debería hacernos reflexionar sobre nuestro futuro, ya que nuestro pasado es relativamente reciente, si lo comparamos con el tiempo que llevan algunas formas complejas de vida sobreviviendo a las pequeñas y grandes catástrofes que ha padecido el planeta, un recorrido que todavía no hemos completado y que puede ponernos a prueba sin previo aviso.

Y mientras llega ese momento, una parte de nuestra población 'sapiens' se dedica a masacrar a la otra, tanto de manera directa, tiroteándola, bombardeándola o degollándola, como indirecta, asfixiándola económicamente e impidiéndole acceder a los recursos alimenticios que se producen en su propio entorno.

¿Y por qué? Pues sólo por cuestiones de fe o de poder, dos conceptos absolutamente relativos, pues se supone que en las sociedades contemporáneas las creencias y el ejercicio del poder deben estar al servicio de los intereses comunes, para que la humanidad prospere y pueda estar preparada para afrontar desafíos reales, que ahora mismo parece que no tenemos, cuando sucede justamente lo contrario.

¿Tan mal vemos las cosas en la Tierra que a miles de personas no les importaría marcharse a Marte sin billete de vuelta, para participar en una misión colonizadora experimental de difícil, por no decir imposible, éxito?

¿Ese exilio voluntario es simple espíritu aventurero o se trata de un sentimiento más profundo de fracaso en lo que respecta a nuestras capacidades de organizarnos civilizadamente en el propio planeta que nos dio la vida?

¿Será por esta incapacidad genética que estamos obligados a asumir que existe otra vida de carácter espiritual, después de la muerte física y química, en la que podríamos alcanzar cierto estado de felicidad o bienestar y que mientras llega debemos aceptar todo tipo de sacrificios y padecimientos hasta que nos obliguen a inmolarnos?

¿No sería mejor dedicar nuestros esfuerzos a colaborar por hacer de este planeta un planeta mejor y lo mismo con nuestra existencia colectiva? ¿No estaremos desaprovechando nuestro potencial como especie en guerras absurdas, que en nada contribuyen a nuestra supervivencia futura?

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