sábado, 28 de marzo de 2015

Chenagualato: Piedras que hablan

En Canarias, como en muchas otras partes del planeta, las piedras hablan. Pero hay que ser lo suficientemente inteligentes y constantes para llegar a comprender su lenguaje. La geología es la ciencia que estudia las piedras y, gracias a al saber acumulado, hoy podemos entender cómo se formaron algunos de los maravillosos espectáculos petreos naturales que tenemos la suerte de contemplar, un conocimiento que consigue hacer, si cabe, más bello ese paisaje.

Los seres humanos, desde la antigüedad, nos hemos sentido atraídos por las piedras, tanto por sus formas, en ocasiones casi inverosímiles, como por su posible utilidad práctica o artística.

No resulta extraño, por ello, que las primeras formas de expresión humanas que se conservan estén relacionadas con las piedras, unas manifestaciones que también son objeto de estudio por parte de la arqueología.

Las piedras con grabados suelen ser estructuras duras y firmes, capaces de perdurar en el tiempo y resistir a procesos de erosión y deterioro, propiciados por agentes biológicos, por lo que el artista o artesano que las labró perseguía que fueran vistas y suscitar el interés del observador.

Y cuanto más atrás retrocedemos, más difícil debió resultar el proceso de inscripción del mensaje, porque los metales han facilitado mucho esa actividad, pero su ausencia obligó a buscar otra herramienta, probablemente otra piedra más dura y afilada, con la que ejecutar el trabajo, lo que tenía mucho mérito por la perfección alcanzada en muchos casos.

Sorprende ver el resultado de estas manifestaciones, porque en la era tecnológica que vivimos, creo que no seríamos capaces de hacer lo mismo o algo parecido, con la misma sensibilidad, actitud y precisión, y mucho menos con los mismos utensilios.

Pero lo peor no es que no consigamos replicar lo que hicieron nuestros antepasados. Lo peor es que no sabemos interpretar lo qué querían decir, en parte porque quizá sus autores sólo querían que fueran entendidos por los integrantes de su comunidad y nosotros no pertenecemos a su cultura. Y eso es, cuanto menos, triste. Porque, en la era de la comunicación, creemos que lo que ahora compartimos y hacemos va a perdurar en el tiempo. Pero dentro de dos mil o tres mil años nadie podrá pertenecer a nuestra cultura actual y probablemente nadie entienda, o se malinterpreten, nuestras formas de expresión, aunque intentemos contactar simbólicamente con esas personas del futuro de forma sincera.

Hasta que consigamos decodificar toda esa información plasmada por nuestros antepasados, que aportará claves para que nos decodifiquen a nosotros en el futuro, tendremos que conformarnos con admirarla, como sucede con la exposición 'Escrito en piedra', organizada por la Fundación CajaCanarias, que puede contemplarse hasta el 25 de abril en su Espacio Cultural de la Plaza de los Adelantados, en La Laguna, y que en los próximos días tratará de sorprender agradablemente a los viandantes en la Avenida de Colón, en Puerto de la Cruz.

De todas las imágenes de la muestra, me llama poderosamente la atención la obtenida en lomo de La Fajana, en el municipio palmero de El Paso, porque me parece una obra de arte esculpida entre la naturaleza y el hombre, y porque me da la impresión que su contenido trasciende su valor estético y trata de explicar sentimientos, creencias, conceptos y situaciones que todavía no llegamos a atisbar. ¡Cuánto conocimiento desperdiciado!

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