jueves, 5 de junio de 2014

Tirma: Designio divino

El pasado 30 de mayo, Día de Canarias, la Televisión Canaria emitió la película 'Tirma', rodada y estrenada hace sesenta años. Una de las cintas de esta coproducción hispano-italiana dirigida por Paolo Moffa fue recuperada y restaurada con dinero público del Gobierno de Canarias, y fruto de aquella intervención puede ser proyectada desde 2011.

Cualquier espectador condescendiente podría afirmar, una vez finalizada la emisión, que lo mejor de la misma fueron los cortes publicitarios, pero voy a tratar de encontrar algunos valores positivos en este filme de pésimo montaje (que recuerda a los más caóticos de Ed Wood, sólo que los de éste podrían estar justificados por el insuficiente presupuesto), escaso valor artístico y mínimo o erróneo criterio histórico o etnográfico.

El cine es fundamentalmente ficción y, por tanto, no está obligado a recrear la realidad, sino que puede crear un universo paralelo, basado tanto en la fecunda imaginación como en los tópicos y prejuicios recurrentes en el pensamiento o la ideología de una época.

Desde este punto de vista, 'Tirma' puede considerarse como precursora del spaghetti-western, que tantos éxitos cosechó en los años 60, pero centrando la acción no en el lejano oeste, sino en la isla de Tamarán, actual Gran Canaria, en el siglo XV, cuando trataba de ser incorporada a la Corona de Castilla. Y probablemente, cualquier parecido estético de las imágenes de la película con la realidad histórica sea pura coincidencia.

El largometraje debió de ser en su época un rotundo fracaso de público y crítica, ya que pasó por el Festival Internacional de San Sebastián con más pena que gloria y supuso la tumba artística de Paolo Moffa, ya que no volvería a dirigir más en su breve trayectoria (sólo tres títulos a comienzos de los 50), si bien continuó vinculado a la industria como productor en un par de proyectos más, aunque ya a finales de los 60.

"La principessa della Canarie" o The island princess", como también se tituló el filme, se planteó como una superproducción y no se reparó en gastos en busca del éxito, hasta se construyó un castillo, presuntamente medieval, entre las dunas de Maspalomas, para recrear sucesos que los cronistas sitúan en torno al Guiniguada.

Una de las secuencias que eché en falta en la película fue un espectacular y multitudinario combate cuerpo a cuerpo entre las tropas castellanas y los naturales de la isla, probablemente porque no llegó ni siquiera a positivarse, pese a que se rodó y contó con la participación de varios centenares de figurantes.

Según me relató el histórico luchador Alfredo Martín 'El Palmero', (nacido en Tenerife pero que desarrolló toda su destacada trayectoria deportiva en Gran Canaria y rivalizó con el legendario 'Pancho Camurria') en la escena participaron, en el papel de soldados castellanos, reclutas de reemplazo obligados por sus superiores, y los mejores luchadores de aquel momento, encarnando a los pobladores de Tamarán.

En el plan del rodaje, las tropas invasoras se enfrentaban a los guerreros locales y les derrotaban, pero el grupo de canarios liderados por 'El Palmero' decidió cambiar el argumento y apalizar a los atónitos reclutas, ante el estupor del equipo de realización. Moffa se vio obligado a parar el rodaje y montó en cólera. Con el guión en la mano abroncó a los luchadores, a los que reclamó que se dejaran vencer, como constaba en el papel que esgrimía y en la historia. Pero Alfredo Martín ni se inmutó y le respondió con aplastante serenidad: "Hace 500 años puede que nos vencieran, pero hoy no".

Y se fueron, al igual que los maltrechos reclutas, que se negaron a repetir la toma para evitar ser golpeados de nuevo, y, con ello, se generó una situación nueva en la trama, donde las imágenes de devastación sustituyeron a las de la gran batalla.

Por si fuera poco, el propio título de Tirma genera confusión, ya que la principal protagonista es la princesa Guayarmina y el amor que siente por Hernán, en medio de una turbulenta situación plagada de traiciones por ambos bandos, entre los que aceptan la invasión exterior y los que proponen combatirla. Una situación bastante recurrente, tanto en el cine como en la vida.

La palabra Tirma ha sido traducida como 'Montaña sagrada', pero, en mi modesta opinión, esta denominación topográfica no abarca todo el simbolismo que encierra, más cercano a su descripción como 'designio divino'. Porque los lugares sagrados lo son precisamente por la existencia de una 'mano santa' que así lo decide y que así lo perciben quienes interpretan sus ocultas señales.

Lo mismo que ha sucedido durante años con la olvidada película, hasta que alguien decidió desenterrarla (más como cadáver que como momia) y compartirla, quizá para que todos podamos comprender a su conclusión porqué, en la historia que nos han contado, gritaron Tazarte y Bentejuí "Atis Tirma": Para no tener que ver ni colaborar con el futuro que les esperaba. Aunque en esta experiencia fílmica, lo que la retina tiene que tolerar es un pasado artificial deplorable, en el fondo y en las formas, que hubiera sido mejor mantener sepultado.

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