sábado, 10 de mayo de 2014

Menzeñachén: Geopolítica

La geopolítica está considerada como una ciencia social y, lo largo del siglo XX, se la citaba constantemente, tanto en la prensa, tertulias y en encuentros entre expertos, como en las conversaciones informales entre personas con cierto nivel de conocimiento sobre la actualidad.

Los que la pronunciaban, lo hacían en referencia a importantes conflictos, como las dos grandes guerras mundiales y la posterior Guerra Fría, y su uso trataba de explicar las consecuencias de las decisiones de los gobernantes, que acabaron por desencadenar las hostilidades, y debatir sobre posibles soluciones alternativas que hubieran impedido el fatal desenlace que sufrieron millones de personas y que aparece reflejado en los libros de historia.

Esta disciplina, por tanto, trataría de analizar los errores pasados, para proyectarlos en diferentes escenarios, y evitar futuros conflictos, influyendo en los dirigentes y buscando soluciones a través de la diplomacia, algo que tampoco es una novedad y las mujeres llevan haciendo millones de años en el ámbito doméstico.

En mi modesta opinión, la geopolítica alcanzó su cénit durante la Guerra Fría, ya que la humanidad parecía abocada a la autodestrucción, con dos grandes potencias fabricantes y almacenadoras de armas nucleares, capaces de arrasar varias veces la vida del planeta. Armamento que, según tengo entendido, no ha desaparecido en su mayor pare, pero del que nadie habla, salvo para referirse a él como un imprescindible 'arsenal estratégico', un material bien custodiado y seguro, del que no debemos preocuparnos y que, en el ámbito estatal, equivaldría al bote mata-cucarachas que todos guardamos en casa, para cuando nos invadan estos asquerosos insectos, que, curiosamente, serían de los pocos seres que sobrevivirían al holocausto nuclear.

El triunfo de la geopolítica se fraguó durante varias décadas de aciertos, en las que los consejos y reorientación de los problemas, que realizaron valiosos expertos, consiguieron que se superaran algunos momentos críticos. Incluso podríamos afirmar que hoy estamos vivos casi de milagro.

Los acuerdos alcanzados, muchos de ellos tácitos y nunca rubricados, sirvieron para llegar hasta el día de hoy medianamente sanos y salvos, a una época en la que no se habla de geopolítica, pero que se encuentra muy presente, como lo estaba antes de que se inventara la palabra.

¿No hacían geopolítica los Reyes Católicos, Carlos I (de España y V de Alemania, ¡quien nos ha visto y quién nos ve!) o Felipe II en la conquista de nuevos territorios como Canarias o América? ¿No fueron destacados geopolíticos Richelieu y Mazarino en Francia? ¿No constituye Maquiavelo un referencia obligada en este terreno?

Cuando uno viaja por Europa, observa muchas esculturas ecuestres de antiguos reyes en actitud desafiante o beligerante, ubicadas en plazas y espacios públicos, incluso en países que hoy consideramos pacíficos, pero cuya historia narra cómo se ganaron el derecho a ser políticamente independientes después de duras batallas, en guerras que incluso llegaron a durar cien años.

Dicen que el pasado condiciona el futuro, pero que también aprendemos las lecciones de nuestras derrotas y de nuestras siempre pírricas victorias, para no repetir los errores cometidos. Y si esto es así, ¿por qué sigue habiendo conflictos en la 'civilizada' Europa?

Si la primera Guerra Mundial comenzó por el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, el 28 de junio de 1914, ¿por qué entre 1992 y 1995 hubo un cruento conflicto en Bosnia? ¿Bastan 78 años para olvidar el dolor de una guerra o es que la paz es tan insufrible para algunos, que hay buscar cualquier excusa para acabar con ella?

¿Qué lleva a colectivos humanos a enfrentarse a muerte contra otros en los mismos lugares o por el control de un espacio relativamente amplio que pueden compartir? ¿No será que las guerras no solucionan los problemas, sino que los posponen. Y si es así ¿Que va a pasar en Ucrania en los próximos meses o años?

¿Y qué nos puede importar lo que suceda en Ucrania respecto a lo que ocurre, por ejemplo, en Venezuela? Pues no lo tengo muy claro, porque, desde el punto de vista de las emociones, lo que está pasando en Venezuela afecta a familiares y amigos de muchas personas que conozco y que están sufriendo, pero parece, al menos a corto plazo, un problema local, de carácter relativamente interno, porque los intereses comerciales en las materias primas del país caribeño son enormes e internacionales, y eso siempre influye en el curso de los acontecimientos.

Lo que preocupa de Ucrania es que en Crimea se desarrolló, entre 1853 y 1956, una de las guerras que considero más absurdas de la historia de la humanidad, en la que una de las potencias beligerantes, Rusia, usó a la religión como excusa para alcanzar objetivos estratégicos y utilizó de manera inadecuada la información geopolítica de que disponía en ese momento.

Y como salió derrotada entonces y, hasta ahora, el problema no ha sido resuelto de manera diplomática, observo con horror como se están utilizando nuevas mentiras por ambos contendientes para justificar los mismos objetivos que intentaron conseguirse hace 160 años.

Puede que la cosa no pase a mayores, pero algunas imágenes difundidas sobre el ambiente prebélico que se respira en las regiones fronterizas no dejan de ser preocupantes, porque el armamento de que se dispone en la actualidad resulta altamente destructivo y si nadie da su brazo a torcer, la escalada de hostilidades puede alcanzar niveles catastróficos.

Al final, por mucho buen consejo que se ofrezca, los que deciden pueden ignorarlo. Porque ellos no necesitan saber de historia, ni de geopolítica, ni precisan de ningún tipo de conocimiento para mantenerse en el poder. Sólo requieren del apoyo de quienes les han encumbrado, que tampoco están guiados por ideales solidarios o intenciones de construir una sociedad mejor, sino sólo por la ambición personal. Por eso la historia tiende a repetirse, aunque siempre pueden aparecer nuevos y destructivos matices.

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