domingo, 17 de noviembre de 2013

Zihaelechen: Viajar (Ir a conocer nuevos lugares)

De todas las formas de aprendizaje, considero que viajar es la más completa. Libros y documentales explican e ilustran adecuadamente casi todo lo que podemos encontrar en cualquier área geográfica del planeta, y constituyen valiosas herramientas de conocimiento. Y también una ayuda previa muy útil, a la hora de preparar cualquier expedición, por lo que, siempre que sea posible, conviene leer, ver fotos y vídeos sobre los lugares a visitar.

Las palabras, las imágenes y los sonidos, con la inestimable ayuda de nuestra imaginación, pueden transportarnos a esos lugares de manera ilusoria, pero esa experiencia siempre será incompleta, porque sólo el viaje físico nos permite oler y tocar lo que acaricia nuestra sorprendida o confirmadora mirada.

Pero además, existe un factor que puede alterar cualquier idea preconcebida sobre el espacio que exploramos: el tiempo. Se suele decir que cualquier momento es irrepetible y, en parte es verdad, aunque no del todo, según explican la física cuántica y la teoría de la relatividad. Para quienes recorremos a diario un itinerario determinado, cualquier cambio resulta imperceptible, pero cuando pasan los años y uno vuelve a un recordado lugar, sorprende tanto constatar que todo sigue igual, como su transformación.

Los viajes para conocer enclaves naturales difieren de los que tienen como objetivo acercarnos a la historia de la humanidad, a través de sus construcciones más suntuosas, de sus monumentos más impresionantes o de sus expresiones artísticas más relevantes. Dentro de algunas de esas edificaciones, que tratan de albergar lo mejor de la esencia humana, uno no puede dejar de preguntarse si el mensaje de aquellas generaciones y creadores no era otro que la búsqueda de la belleza merece los mayores sufrimientos.

Y puede que así sea y que también las grandes bellezas naturales que hoy podemos contemplar en el planeta sean el resultado de grandes, medianos y pequeños cataclismos, que destruyeron bellezas anteriores y cuya desaparición también causó un gran sufrimiento.

Una de las novedades que permiten las visitas contemporáneas a lugares declarados como Patrimonio de la Humanidad o Reserva de la Biosfera, es que permiten la interacción en la distancia, a través de diferentes soportes tecnológicos, con otros enclaves que gozan del mismo reconocimiento. Y así podemos comparar y entender el mundo que nos rodea, o quizá sólo sea lo mejor de éste, porque nadie explica porqué sucede lo peor: las guerras, el hambre, la miseria, las enfermedades evitables, la explotación globalizada...

¿Somos unos privilegiados por vivir en esta época, después de décadas, siglos y milenios de sufrimientos? Quizá para las generaciones futuras, si consiguen ser más avanzadas que nosotros, seamos unos incautos, unos incompetentes, unos impostores o simplemente unos pringaos más, por no haber sabido proteger el legado recibido: el natural, el intelectual y el social (en lo que se refiere a los principios democráticos elementales: igualdad, libertad y fraternidad), porque el monumental, tarde o temprano acabará por desaparecer.

Pero lo que más me preocupa es que seamos unos ignorantes e inconscientes, por no entender ni los mensajes que nos han ido dejando nuestros ancestros, ni encontrar las claves para desarrollar un modelo de sociedad mejor, más justo y solidario. Que no se puede construir desde la caridad que ofrece la avaricia institucionalizada, sino que requiere de nuevos sistemas de organización, si no queremos desaparecer del paisaje, como tantas especies que poblaron el planeta y que hoy sólo conocemos como fósiles, dibujos o fotografías.

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