domingo, 27 de octubre de 2013

Tehota: Letra pequeña

Estoy convencido que si existe alguien o algo que gobierna el mundo, esa cosa o ente tiene que ser la letra pequeña. La letra pequeña está detrás de todo lo que sucede en esta sociedad y de lo que no nos enteramos. Y no sólo nosotros, los humildes currantes, sino que también toda clase de dirigentes y líderes políticos, sociales y empresariales se encuentran bajo la tutela de estos minúsculos signos.

De entrada, cuando uno se adentra a leer la letra pequeña de cualquier contrato, manual de instrucciones o programa electoral, el mensaje parece sutilmente encriptado, comprensible sólo para una secta de iniciados, capaces de entender códigos enigmáticos para el resto de los mortales. Eso si la vista alcanza a atisbar alguno de los minúsculos símbolos gramaticales, reducidos al tamaño de electrones, que cambian de lugar en cuanto la pupila les localiza, como si fueran blancos móviles, cuando de lo que se trata es de que sean negros fijos.

Y si conseguimos superar esa primera y selectiva fase, luego viene la habitual ininteligibilidad del mensaje, que requiere de unos conocimientos especializados, similares a los que se necesitan para interpretar las inscripciones o los jeroglíficos de las pirámides mayas o egipcias.

En los últimos tiempos se ha puesto de moda un tipo de letra pequeña más reducida aún de lo habitual, una especie de nanoletra, ya que nadie ha sido capaz de verla, pero está en boca de la gente, como si formara parte de su acervo cultural.

Se escriben con nanoletras contratos de aplicaciones de móviles o videojuegos que autorizan a empresas y gobiernos a facilitar nuestros datos a quienes puedan interesarles, ya sea para proteger nuestra seguridad frente hipotéticos atraques terroristas o para ofrecernos nuevos e innecesarios productos y servicios comerciales. Lo mismo que sucede con las actualizaciones gratuitas y no tan gratuitas de software y otras herramientas necesarias para movernos en un internet dotado cada vez de mayor velocidad, pero que, por esas paradojas espacio-temporales, cada vez va más lento. ¿Por qué será?

A algunas distinguidas personalidades parece que les ha molestado que, según se establecía en la nanoletra del contrato, les espiaran quienes consideraban como socios y aliados. Incluso estas prácticas totalmente legales han provocado un nanoconflicto diplomático.

Personalmente, no me preocupa que me espíen, ni que espíen a nuestros representantes públicos en su labor de administración del patrimonio colectivo y de las cuentas que nos son comunes. Lo que me resulta inaceptable es que se destinen recursos a esa tarea, cuando en todos los países desarrollados se recortan los presupuestos de educación, sanidad y servicios sociales, hasta un punto que ha podido llegar a colapsar a la segunda economía mundial. Porque, aunque las cifras y estadísticas digan lo contrario, Estados Unidos ya no lidera la economía mundial.

Son las nanoletras quienes dominan el sistema productivo global. Y, éstas, a diferencia de la tradicional letra pequeña, son ilegibles y, por tanto, todavía más incomprensibles. Aunque, en el fondo, todos sabemos lo que quieren decir. Otra cosa es que queramos enterarnos del mensaje, porque vivir en la ignorancia se ha convertido en una costumbre difícil de erradicar.

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